Otro más que se va


A pocas horas del final, llega el recuento.

He viajado de todas las maneras posibles, estuve rodeada de compañía o en la más completa soledad; volé, caminé, nadé, rodé, corrí. Me perdí entre espejos, jugué y canté como una niña; sostuve a alguno entre mis brazos y lo vi desaparecer o crecer en tan sólo una noche.

En ocasiones me quedé atrapada en los extraños lugares de siempre y algunas otras veces conocí maravillosos mundos nuevos. Vi correr sangre entre mis dedos y sentí el agua a veces limpia, a veces turbia envolver mi cuerpo. Permanecí inmóvil o recorrí largos senderos, mientras reía, mientras lloraba; luché contra objetos, seres y animales que me atacaron.

Sentí la tierra en mis pies, el aire entre mi cabello, el agua por mis manos, el fuego en mi interior. Aun cuando todo dormía, mis sentidos permanecieron despiertos.

Porque el año viejo siempre deja cosas buenas. Porque muchos viajes más le esperan a este inconsciente subconsciente, este que nunca me deja sola, que no duerme, que se adueña de mi, que te trae día y noche y me pinta con tu aroma una imagen tuya a donde quiera que voy. Porque ustedes estuvieron y siguen aquí conmigo, en este pequeño gran espacio.

Por eso, brindaré.

Planes

Hoy quiero soñarme contigo
tener tu pecho como mi almohada,
sentir tus brazos en lugar de las sábanas,
rodear con tus piernas mi cuerpo
y tus pies calentar a los míos,
esta noche quiero soñarte conmigo.

Inspiración


Cuando el sentimiento se desborda

lo exprimo de la almohada

y lo pinto sobre papel


Corto relato nocturno

Anoche no dormí sola. En mi cama estabas tú. Y ellos. Y todos los demás.
Todavía no entiendo como pudimos acomodarnos en tan poco espacio. La música no dejaba de sonar, era algo estruendosa pero rítmica y aunque era buen momento para dormir, algunos preferían bailar.
También había comida. Mucha comida que nadie quiso probar. Se veía sabrosa -ya sabes lo antojadiza que soy- pero cuando traté de comer algo sentí nauseas, por eso me retiré de ese lugar y volví a tu lado, al pequeño espacio que quedaba para mí.
Estabas inquieto. No sabías si dormir, platicar o bailar. Tal vez por eso decidiste enrollarte entre mis brazos y dejarme adormecerte.
Mientras todos esos extraños conocidos pasaban una buena velada, en nuestro espacio no cabía nadie más. Hablamos al ritmo de la música y nuestros cuerpos llevaban el compás de una balsa sobre el mar.
No sé cuánto tiempo pasamos así, no sé si la noche fue muy corta o tal vez debí acostarme más temprano, pero espero que el momento se repita, esta vez sin tanta gente y que sea un poco más real.

Ejercicios de relajación para el buen dormir



Inicie preparando el ambiente con una ronda de música de su preferencia, si lo desea puede acompañar el ritmo con movimientos ligeros o cantar a todo pulmón para liberar tensiones.
Unos minutos de agradable lectura pueden ser muy útiles no sólo para cultivar su imaginación, sino también para alejarse de las presiones y olvidar los problemas del día a día.
Si dispone de una grata compañía –aunque no sea físicamente- relate los pormenores de la rutina, extienda la conversación hasta que los temas se gasten poco a poco pero sobre todo ponga atención a las palabras de su cómplice nocturno. Si de repente los invade un silencio, evite que sea incómodo y rompa el hielo con una sonrisa; sin darse cuenta habrá iniciado otra conversación.
En ese momento realice un masaje al alma con esencia de carcajadas, su acompañante puede ayudarle y masajearse mutuamente. No se limite, efectúe el masaje el tiempo que sea necesario. Asegúrese de abarcar todas las zonas tensas y aplique la esencia de carcajadas cuantas veces le apetezca.
Después de este paso, el terreno está listo para recibir sus deseos y guardar sus energías.
Cuando ya se disponga a dormir, meta un pedazo de luna en su bolsillo. En caso de no tener bolsillos, la puede tomar a cucharadas o aplicar unas gotas de su luz en los ojos, los conocedores lo recomiendan.
Sentado sobre la cama, inhale profundamente todos los recuerdos posibles y exhale ideas una a una lentamente, repita este proceso varias veces mientras relaja sus hombros y estira cada músculo del cuerpo al estilo gatuno. No se cohíba si surge algún bostezo que suene a maullido, es casi natural e inevitable.
Luego de haber extendido músculos, tendones y alguno que otro hueso, deslice suavemente su cuerpo sobre el colchón, acomódese entre las sábanas o una buena colcha, dependiendo de la temperatura ambiental. Tome la posición de su preferencia y suspire como si fuera su último aliento… del día.
Finalmente, abrace el cuerpo perfecto de una almohada. Cierre sus ojos. No se preocupe por la sonrisa, ésta entrará en acción automáticamente.
 

 Nota: En caso de contar con ello, sustituya la almohada por el cuerpo imperfecto de su acompañante.

Rumbos

Caminos paralelos, distintos, distantes, se cruzan en algún punto del viaje; personas y personalidades congenian, se complementan y logran empatía.
Tan sólo basta un minuto –quizás menos- para crear una chispa que encienda la luz en la ruta que a partir de ese momento recorrerán simultáneamente.
Después de eso empezarán las preguntas, las historias; llegarán las citas, las reuniones, las pláticas que parecen no tener cómo empezar y después parecen no tener fin.
Se agregan las coincidencias, los comentarios, los puntos de vista, los puntos en común y las diferencias también; las bromas, el sarcasmo, las ironías y lo mejor de todo… las risas.
Nace una cálida sensación que impulsa a abrir las puertas de la confianza, dejas entrar y te permites salir.
Recoges en el vuelo a un nuevo pasajero. Un ser que a partir del primer contacto ya dejó su huella imborrable en ti. Uno de quien aprenderás, mucho o poco, para bien o para mal, no importa cuánto dure su presencia; mientras al mismo tiempo, te conviertes en integrante de su viaje y ahí también permanecerás tú.
Al final del encuentro, ya hay una próxima vez y te queda la satisfacción en el rostro y una sonrisa en el alma de ser prueba, testigo y partícipe del sublime momento de conocer a alguien que pronto llamarás AMIGO.


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Chicas, es un gusto, un placer y un honor haberlas conocido.

Inesperado

Hoy un acercamiento tímido  
 
y el olor de un libro nuevo  
 
me robaron una sonrisa. 
 

De blanco y negro, a color

No quería despertar pero el sueño fue más corto que la noche.
Traté de quedarme inmóvil en el colchón pero éste empezó a ponerse incómodo, estaba muy frío o muy caliente; la almohada se quejaba, me duele tu cabeza y sabes bien que no soy esponja, le escuché decir. La sábana y la colcha se rebelaron, si me tapaba la cabeza me descubrían los pies. Y detesto sentir los pies fríos. Los cojines en el piso reclamaban su lugar, así que para no seguir con esa batalla mejor les devolví su territorio.
Estiré mi cuerpo hasta sentir cada músculo tenso y cada hueso crujir; cuando escuché que las vértebras de la espalda se acomodaron supe que podía ponerme de pie.
Abrí la cortina para dejar entrar la luz. Y la luz entró. Y al fin los ojos enfocaron bien.
Arrastrando aún un poco de pereza, encendí el televisor y busqué el canal que uso como despertador.
Justo empezaba a cantar Diego Torres, una canción que me paralizó mientras duró. Después algo nuevo entró por mis oídos y me agradó el ritmo que sin duda me recordó a Bon Jovi en su faceta rock pop.
Cuando me di cuenta ya realizaba mi rutina al son de un baile descuadrado como el de Iggy Pop; luego alguien apareció, haciéndome sonreír y con esa sonrisa Ana Torroja le puso el broche de oro a la inauguración de la mañana.
Hay días que parecen no querer iniciar, por eso me encanta tener papel y tinta en el buró.

Septiembre otra vez (II)

Aquí en soledad quiero brindar, sin vino, con música y nadie más.
Brindaré por dos cosas.
Brindo por mi dolor. Ese que me invade noche a noche, que no me deja respirar porque me reclama que tenía todo y lo dejé escapar.
Y brindo también por mi valor. El valor de estar aquí enfrentándome a mis pensamientos, al anhelo de sentirte, recordarte y aguantar el deseo de volverte a abrazar. Valor por reconocer que aposté todo y perdí; que di todo, que amé y estuve dispuesta a luchar.
Lo supe desde tiempo atrás, la razón me lo decía, pero le había puesto un velo que me resistía a quitar.
Qué ilusa fui, me sentía invencible, poderosa; hoy tengo miedo, y me invade la soledad.
En los días de angustia me ahogaba en pensamientos, buscaba una escapatoria a la ansiedad, quería escribir las mismas palabras llenas de coraje y dolor, palabras que la ira pensaba por mí; sin embargo no llegaban nunca, no lograban cuadrar; hacía y deshacía textos que no me terminaban de gustar. Ahora entiendo que no era furia lo que había dentro de mí, sólo una enorme tristeza por la certeza de que había llegado el final.
Ya no tiene caso hablar del silencio, de la cobardía, de las mentiras; los reproches no tienen sentido. Nada de eso hará la situación cambiar.
Hoy aquí me detengo sólo por un momento, para tomar un respiro y recuperar el ánimo de continuar.
Habrá que tomarlo con calma y la cabeza fría, tienes razón en decir que el perdón no sirve para mejorar lo pasado, pero el futuro tal vez; después de todo llegué a mi límite, me conocí un poco más y aunque tomó más tiempo de lo que creí, hoy sé bien lo que quiero y para bien o para mal, tú no puedes ni lo quieres dar.
No me rindo aún, ni tengo nada que celebrar, falta mucho más; todavía quedan noches sin dormir, queda mucho qué pensar.

Septiembre otra vez (I)

Vuelve el día, vuelve el tiempo aquel en que la vida giró.
De nuevo aquí sin poder detenerlo, sin poder regresarlo, las noches vuelven a hacerse largas y el sueño muy corto. Vuelvo a ganarle la carrera al despertador. Parece un estigma que reaparece desde hace dos años ya.
No sé qué pasa, todo es tan extraño y siento que se me va de las manos. Las ideas se agolpan buscando salida, pero basta pensar en nuestro tiempo y todo fluye con cierta naturalidad, así mis manos te recuerdan y sin dudar encuentran el camino directo hacia cada palabra.
Y recuerdo que nunca una mirada había tocado de esa manera mi ser, ahora no sé donde están esos ojos que escudriñaban mi alma brincando cualquier barrera, esa luz que dejé apagar.
Me acostumbraste a ser princesa, a caminar sobre las nubes sin sentir jamás las brasas ardiendo bajo la planta de mis pies, estabas siempre a mi alrededor cuidándome de cualquier daño, protegiéndome como un escudo de piedra y sin lastimarme ni siquiera con un suspiro. Ahora el dolor habita adentro.
Entonces por fin entiendo tus palabras, ahora comprendo mucho mejor. Sé que piensas que ya es muy tarde, lo sé, no es tiempo para arrepentirse sino para valorar, es cierto lo que dicen que desde lejos las cosas se aprecian mejor.
Entre sombras escribo y se cruzan los recuerdos, pienso en días de alegría y de dolor.
He tocado el cielo y la tierra. He probado la miel y la hiel. Amé y me sentí amada. Lastimé y fui herida. Recibí mucho, entregué todo y de todas formas no me queda nada.
Ha tomado tiempo y no sé cuanto falta aún pero siempre he creído que en esta vida nada ocurre por azar, tiene una razón. Reconozco mis errores pero también puedo afirmar que he aprendido tan sólo un poco más.

4 bodas

La primera, tan ajena como inesperada. Casi de última hora. Un lugar distante, distinto. Invitada suplente. Nuevos personajes entrando en mi senda, yo entrando en la de ellos.
A distancia pensando en ti, imaginándote a mi lado mientras grababa pequeños detalles para reconstruir la escena cuando pudiera contarte todo.

La siguiente, de lazos más cercanos. Llegó poco a poco, sin causar tensión.
Rodeados de elegancia y distinción fue un evento tan correcto como los protagonistas.
Y yo a distancia pensándote a mi lado mientras grababa pequeños detalles para reconstruir la escena cuando pudiera contarte todo.

La tercera llegó por orden cronológico, pero la de mayor importancia. La más cansada, la más prolongada. La que causó desvelos, coraje, estrés; la que hasta en el último momento tenía algo pendiente. Días previos que se escurrieron como agua, llenos de tensión, momentos que pedían a gritos acabarse pronto.
Y ahí estoy de nuevo. Y soñé que estarías ahí. Pero una vez más me ví a distancia pensando en ti, figurándote a mi lado mientras grababa pequeños detalles para reconstruir la escena cuando pudiera contarte todo.

La última fue preocupante mas que excitante. Una decisión precipitada, ideas ambiguas, deseos confusos. Una hilera de sucesos que acrecentaron las ganas de correr, gritar, detener el evento, convertirme en villana o heroína. Vi la tristeza en sus ojos pero al final la decisión ya estaba tomada.
Ahí también estuve conmigo misma a distancia pensando en ti, pero esta vez de nada serviría grabar pequeños detalles para reconstruir la escena cuando pudiera contarte todo, ya sabía que no estarías a mi lado.

Cuatro historias tan distintas entre sí, cuatro eventos que viví y en los que uno a uno fui definiendo mis anhelos, pensando si algún día me tocará a mí, si en realidad llegará el momento en que me sentiré lista.

Es un momento que quiero vivir pero a pesar de lo que escucho no creo que la presión social o biológica, por ahora, me hagan cambiar de opinión, simplemente aún no siento esa inquietud y sobre todo prefiero concentrarme en lo que vendrá después, para mí, el tiempo siguiente cuenta más que las fotos, el vestido y el pastel.

No sé cómo será el camino para todos ellos, desconozco los pasos que cada uno dará, sólo deseo que a estos ocho corazones, la vida los llene de felicidad.
 

Noche de tormenta

La lluvia no cesa, ahí siguen las enormes nubes sin poder contener las gotas que llenan y empapan los caminos. Líneas de luz surcan el cielo, dejando una estela que culmina en estruendosos sonidos que aturden los sentidos.
Los autos avanzan lentamente, la gente huye desesperada, buscando un refugio para resguardarse de la furia del cielo. De pronto las luces de la ciudad colapsan ante el fuerte latigazo de un relámpago. El diluvio lleva más de una hora.
Mientras observo el frenesí pegada al cristal de la ventana, de nuevo los planes han cambiado y ahora se escurren como el agua que se cuela en los autos y en las casas.
Afuera la lluvia provoca un caos. En mi interior la tormenta es peor.
Me llevo a la cama los nervios crispados, el alma revuelta y las dudas revoloteando.
Todo se une y me paraliza bajo las sábanas. No sé cómo empezó pero de repente siento la boca reseca, los músculos entumidos y empiezo a percibir imágenes.
La gente alrededor sigue con sus actividades tan cotidianamente como si nada hubiera pasado y cuando trato de hablar no escucho mi voz, sólo siento que hay algo dentro que me impide pronunciar palabra.
Llevo mi mano a la boca, poco a poco empiezo a hurgar y encuentro hojas de navajas, vidrios rotos y clavos que estaban allí dentro, entre los dientes, enterrados en la lengua o debajo de ésta. Los retiro poco a poco con mucho cuidado para no lastimarme, sé bien dónde está cada uno, como si los hubiera escondido yo misma, así que mantengo la boca abierta y sin moverme. Me siento nerviosa pero no tengo miedo.
Frente a mí una mujer me observa, está parada a mitad de la calle, dentro de un enorme y agitado charco de agua lodosa que le llega hasta los muslos, su rostro está horrorizado pero sin dudar me ofrece una servilleta para recolectar todas las piezas que siguen saliendo. Al final no hay ni una gota de sangre, no queda nada más dentro de mi boca, solo una sensación amarga y reseca.
Se calman las aguas, el lodo se va. Y así como llegó, la mujer desaparece sin darme cuenta.
Despierto... no siento ningún pesar.

Vuelve a ser tú

Hay actitudes que me agrietan los ánimos, palabras que se me clavan como espinas, acciones que me hunden entre mis propios huesos. Hay sucesos que me revuelcan los sentimientos y liberan ciertos demonios que lo único que hacen es revolverme la cabeza. Y entonces empiezo a cuestionarme.

A veces mis convicciones se pelean con las tradiciones porque me parecen una estupidez, y sobre todo cuando por 'mantener' esas costumbres se pierde el sentido de la vida -qué todavía no sé exactamente cómo definirlo- pero creo que desde el momento en que lo que estás por hacer no te convence, es mejor enfrentarse a los gigantes, decir NO, claro y fuerte, dar la vuelta y emprender la retirada, aunque parezca cobardía.

No es fácil es cierto, nadie nos prometió un jardín de rosas, pero no será el fin del mundo, a pesar de que por momentos lo parezca. Poco a poco el vacío se irá reduciendo y el panorama volverá a teñirse de color.

- Si tan sólo pudiéramos regresar el tiempo. Me dices con la mirada clavada en el infinito. Y te lanzo mis miradas que hablan por sí solas. - Ya sé lo que me vas a decir.

Todos lo deseamos alguna vez, pero sabemos que esa es la utopía favorita del ser humano. El tiempo no se detendrá y mucho menos regresará, lo único que puedes hacer es retomar tus pasos para enderezar tu camino, seguir sobre tus ideales para alcanzar tus metas.

No pretendo convencerte de nada. Mis palabras sólo sirven para hacerte ver lo que ya sabes. Tú tienes la solución, ya lo has pensado, lo sientes, pero no te atreves a hacerlo. Si ya no tienes nada que dar, por más que te esfuerces no será natural. Si estás al límite, pronto colapsarás. Si sientes que ya hiciste tu mayor esfuerzo, pusiste empeño, agotaste tu paciencia y nada parece cambiar entonces ese cambio no está en ti.


Déjalo. Y vuelve a ser tú.




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Listening to: Enigma - Return To Innocence
via FoxyTunes

Buscando respuestas

¿Será que en todos los casos se pasa por las mismas etapas?
Cuando se está a punto de dar un paso que cambiará nuestras vidas, ocurre un 'algo' que sacude nuestro mundo y nos derrumba la realidad. No es la primera vez que lo veo.
De repente caemos en laberintos mentales de los que podríamos haber salido tan fácilmente de no haber sido por querer evitar algo peor.
Quizás se requiere alcanzar un nivel máximo, casi un punto de quiebre, para soltar las tensiones y poder continuar.
O también creo que tiene mucho que ver nuestra mala costumbre de aguantar y aguantar sin decir nada, enterrando las dudas, tragando los corajes y seguir llenando el tanque de basura y bilis hasta que nos saturamos al punto de parecer una olla de presión, y al más mínimo roce explotar, salpicando todo alrededor.

¿En qué área de la conciencia se queda encerrada la razón cuando el corazón impone sus deseos? 
Esa eterna batalla que nos eleva y nos entierra en cuestion de segundos, es el eterno dilema entre hacer las cosas bien o hacer lo que queremos, entendiendo por lo primero lo que la sociedad marca como lo correcto; y en el segundo caso, como lo que deseamos aunque a nadie le haga bien. ¿A quién obedecer, al frío y siempre cuerdo cerebro, o al loco e impulsivo corazón?

Si la vida es tan sencilla ¿por qué nos la complicamos tanto?
Sabes que estás jugando con fuego, te estás metiendo en camisa de once varas, le estas buscando tres pies al gato; sabes que eso no te agrada, no estás conforme, te sientes lleno de dudas; sabes que tú camino no está ahí, no eres feliz, pero aún así, con alma de mártir decides sacrificarte un poquito, simplemente porque es lo correcto... Contéstame: ¿Para quién?

Mientras observo, analizo y me confundo más sobre mis propias convicciones. No soy una experta, no lo sé todo sobre la vida. Sigo aprendiendo y sobre mis propios pasos trato de no equivocar mi camino.

En realidad yo ya no sé qué esperar, aunque no es mala idea lo de no esperar nada.


****
Magu, espero que salgas del laberinto antes de que sea demasiado tarde.

Soñé otro mundo

3ª Parte

…Lo primero que hago es poner a salvo mi vestido. No quiero arruinarlo después de todo lo que me ha costado conseguirlo. Es el vestido perfecto, mi color favorito, no permitiré que nada lo dañe, aunque sea una araña gigante.
Me quito el zapato izquierdo, trepo sobre la cama y me recuesto encima de toda la ropa sin hacer movimientos muy bruscos, levantando mis piernas y evitando que cualquier cosa caiga al suelo, tanto para que la araña no suba a la cama como para no asustarla y se vaya corriendo. Me da pánico verlas cuando huyen.
El arácnido está lo bastante cerca. Siento que me mira y empiezo a temblar, pero ya decidí no tenerle miedo así que sostengo firmemente la zapatilla y con la punta del tacón clavo un certero golpe en la cabeza del insecto. Entonces, casi al instante, veo como de manera muy graciosa las ocho extremidades se desprenden de su cuerpo y el bicho queda inmovilizado en el piso.
Me siento aliviada porque ya no podrá moverse pero sobre todo porque a pesar de sentir miedo, me atreví y la enfrenté. Ahora con toda mi típica calma, me pruebo el vestido, pero esta vez no hay espejos, no obstante sé que el atuendo me ajusta bien. No hay necesidad de verlo, puedo sentirlo.
Salgo del local y empiezo a caminar. Se hace tarde o se hace temprano, no tengo idea de la hora.
Avanzo algunas cuadras. Las calles están completamente vacías y tan desoladas que lo único que se escucha es el golpe de los tacones contra el concreto.
Unas calles más adelante empiezo a oír una tonada agradable. Un ritmo bastante sabroso al que mis hombros no pueden resistirse y mis manos comienzan a acompañar el movimiento. Luces y destellos se aprecian a la vuelta de la esquina. Siento un deseo incontrolable de bailar.
No sé cómo pero en un instante me encuentro dentro de un salón. De nuevo un lugar conocido. Sé que ya estuve ahí. Grandes paredes de cristal, un pasillo con paredes de espejos, una alfombra impecable, muy fina. Afuera se aprecia un destello azul. Acercó mi rostro al cristal para evitar el reflejo y así poder ver el exterior. El resplandor proviene de la piscina pero ahora está vacía y tan sólo se aprecian las baldosas celestes que recubren el fondo de la pileta. Mientras adentro hay mesas, flores, mucha gente y mucho ruido.
Sorprendida de reconocer el lugar, atravieso la pista para dirigirme a una mesa desocupada. Camino despacio pues aprovecho los ritmos para moverme un poco. Uno, dos giros. Disfruto la música, sonrío y llego al otro extremo.
Tan pronto me siento, se acercan otras personas que no reconozco pero que me da gusto saber que están ahí.
-Casi te lo pierdes. Me dice una delicada voz masculina.
-¿Qué te pasó? Creímos que no llegarías a tiempo. Menciona una chica joven de voz amable.
Sin responder a nadie -pues estoy segura que no entenderían-, simplemente me encojo de hombros, ladeo mi cabeza y me limito a sonreírles y a compartir con ellos el momento. Mis dedos bailotean en la mesa. Mis pies ocultos bajo la mesa marcan uno a uno los pasos. ¿En dónde estará?, pienso, entonces giro mi torso y veo tu silueta acercarse. No te reconozco, luces distinto pero distingo tu mirada y tu sonrisa. Te sonrío.
Das unos pasos más al ritmo de la música. Te ves gracioso. Te detienes al pie de la silla y extiendes tu mano esperando la mía.
-¿Quieres bailar?
Suspiro antes de responder...



Despierto.

Soñé otro mundo

2ª Parte

…No veo nada más que mi pálida y famélica figura enfundada en los inseparables jeans. No hay tal vestido. Siento su peso en mis manos, acaricio el fino bordado, la suavidad de la tela. Pero no se refleja nada. Sólo yo.
Me invade una mezcla de alivio y tristeza.
Cuelgo el vestido en el rack y localizo al modisto para explicarle lo que busco. Lo veo entrar por una puerta detrás de un espejo. Espero. Ahora empiezo a sentirme desesperada porque mi viejo conocido no aparece y sigo sin poder recordar su nombre. Me apena no poder llamarlo así que decido ir a buscarlo detrás de ese espejo-puerta.
Cruzo el umbral de cristal y me encuentro en un patio al aire libre. Es una especie de terraza que justo en medio tiene una gran piscina cuadrada iluminada con faroles azules que contrastan en la serena obscuridad de la noche. No hay nubes, todo está pintado en tono índigo y el agua de la piscina se ve tan limpia y fresca que no resisto las ganas de tocarla, además para cruzar esa terraza no hay otro camino que a través de la alberca así que de cualquier manera tengo que meterme.
Poco a poco me voy sumergiendo, me causa algo de extrañeza tener que atravesar por ahí pero no siento temor o desconfianza, más bien me agrada la sensación, disfruto estar ahí dentro y sentir el agua fría refrescándome. Empiezo a nadar hacia el otro extremo y antes de llegar decido dar una vuelta más.
Cuando termino el recorrido dentro del agua, salgo de la piscina y veo a muchos conocidos conviviendo, platicando, otros más arrojándose a la alberca. Ahí es donde apareces, a lo lejos, sentado sobre un camastro, con tu cuerpo hacia adelante, apoyando tu codo sobre tu rodilla derecha y tu mano sosteniendo tu cabeza. Estabas viéndome nadar. Estás callado pero no serio, tu rostro tiene una leve sonrisa. Quisiera saber qué piensas.
Me acerco a ti sonriendo y tú no dices nada, solo te levantas para acompañarme y caminamos hacia las jardineras que están al borde de la terraza; cerca de ahí hay una puerta, la abres y me dejas pasar primero.
-Aquí es donde tienes que buscar. Pero apúrate que ya te queda poco tiempo- me dices antes de que cruce por la puerta y colocas la palma de tu mano en mi espalda, como para adelantarme en el camino.
Ahora estoy en una habitación más pequeña, modesta, sencilla pero sin perder la belleza del salón anterior, todo está tan ordenado que es muy fácil encontrar cualquier cosa. La iluminación es tan precisa, todo tiene un halo azul tenue, tan suave, tan pacífico. Tú ya no estás y de nuevo veo más vestidos, telas y bordados.
Justo en medio de la estancia hay una mesa con telas de diversos colores y encima de todos esos lienzos veo el tono que necesito. Lo tomo con la efusividad de quien encuentra la pieza adecuada de un rompecabezas y recorro el lugar buscando a alguien que pueda atenderme.
De repente aparece una joven muy amable –sé que es joven y amable por el trato y el modo en que se dirige hacia mí, sin embargo en ningún momento logro ver su rostro, solamente escucho su voz.
-Es un color hermoso y te sienta muy bien.
-Es mi favorito.
Respondo.
-Mira, tengo éste, creo que es de tu talla, nos acaba de llegar. Dice al tiempo que me muestra el modelo.
Es exactamente igual al de la foto que tengo en mi cajón.
Sin pensarlo dos veces le pregunto dónde me lo puedo probar y ella me lleva al vestidor que está detrás de una cortina de tela translúcida. Por fuera parece un pequeño cubículo, pero adentro es bastante amplio. Tiene una cama vestida con edredones blancos y mucha ropa revuelta sobre ésta.
Coloco el vestido con cuidado de no arrugarlo y estoy a punto de empezar a desvestirme cuando observo que por debajo de la cortina hay una enorme araña con largas patas, tiene un aspecto de tarántula. Sin acercarme demasiado la observo bien y deduzco que no lo es, pero aun así es muy grande.  
Lentamente entra en la habitación, creo que sabe que estoy ahí. La veo frente a mí y por un instante me paralizo. Estoy entrando en pánico. Me siento sofocada, pero creo que es momento de enfrentarme a ella. Tan sólo es una araña. Una enorme y horrible araña…

Soñé otro mundo

1a. Parte

Caminando a pasos apresurados, las piernas no alcanzan a terminar una zancada y ya viene la otra. Pasos apretados, casi de puntillas evitando hacer ruido con los tacones. Es tarde y pueden despertarse.
El cielo está despejado, hay pocas nubes y aunque ya está muy entrada la noche, la única estrella visible ilumina largos senderos con una luz tan intensa que se asemeja a un reflector que me sigue durante todo el trayecto.
Por momentos me siento en otro lugar. No parece ser la misma cálida tierra porque esta vez se percibe una brisa similar a la que queda después de la lluvia. La atmósfera es tan pasiva como un centro comercial de madrugada.
Las calles habituales ahora tienen una dirección diferente, lugares normalmente conocidos están distintos, otros colores, otras dimensiones, pero sé que son los mismos y aún así pongo atención para ir reconociéndolos poco a poco.
Justo en el momento que noto dónde estoy, me pregunto, apoyándome sobre una pared, con una mano en el pecho y con los ojos cerrados como si sintiera un tremendo alivio -¿por qué en los sueños nunca nada se ve tal como es?-, y sin conseguir respuesta alzo la cabeza, dirigiendo mi vista al frente y ahí encuentro el sitio que tanto anduve buscando.
Allí dentro hay un pasillo con paredes de espejos que me hace recordar a las atracciones de las ferias pero la alfombra se ve impecable, de poco uso y muy fina, diría que es nueva. Mientras avanzo, me proyecto e imagino que estoy en una pasarela pero con maniquíes en lugar de público. Así me siento más segura.
Lo único presente son esas enormes prendas que no permiten ver mi reflejo y eso me preocupa.
No hay más color que el blanco con destellos plateados. Hasta que al fondo se divisa una gran puerta. Cristal y más tonos metálicos. Esto es puro lujo y modernidad.
No es para mí –pienso, cuando escucho mi nombre y veo una delicada silueta masculina. De nuevo esa sensación de lo extrañamente familiar. Sé quién eres, ubico el lugar donde nos conocimos pero tu nombre se ha borrado de mi registro; sin embargo me llena una emoción de las que se sienten cuando se vuelve a ver a los ex compañeros de generación. Aunque lo curioso es que seas tú. Nunca en realidad fuimos “íntimos amigos”.
Como todo un profesional me muestras con destreza los atuendos que exhibes sobre las macilentas figuras. Llenas la habitación con vestuarios increíblemente bellos, de esos que son dignos de una historia rosa, llena de miel; una comedia romántica al puro estilo Hollywood.
Me fascinan, me iluminan la sonrisa y sacian mis ojos con tanta exquisitez. Se ven tan puros, tan… románticos.
El modisto feliz insiste en que entre al vestidor con tres o cuatro atuendos y jura que para uno de esos seré la elegida, -porque es el vestido quien elige a la dueña y no al revés- dice muy convencido.
–Ponte éste. Me dice, sosteniendo un modelo que parece haber sido creado por madrinas voladoras para las princesas inmaculadas de los cuentos de hadas.
No me atrevo ni siquiera a tomarlo entre mis manos. De nuevo pienso, “no es para mí”, además no es lo que busco, no es lo que necesito para esta ocasión. Quizás después vuelva, quizás más tarde lo busque con ansias. Pero ahora, por ahora, no.
–No tengas miedo, cuando te veas al espejo te va a encantar.
El espejo, el prolongado espejo donde no he visto mi reflejo desde que entré por ese pasillo. Hay tantas telas, bordados y crinolinas que me sobrepasan, me abruman. –No es lo mío… y ya tengo en lo alto la percha para apreciar el modelo en su totalidad.
Giro lentamente mientras lo sobrepongo a la altura de mi cuerpo. Me detengo frente al espejo, alzo mi vista, busco mi imagen. Me veo.

Como cambian los días

Todo parecía tan común, tan rutinario. El ánimo lento alargaba las horas. Sobran las ganas y mis ganas están listas para no estar aquí.

La lectura vuelve los ojos pesados, el internet perdió el brillo y mientras en la tv batallan por crear las mejores delicias, aquí sólo se necesita un kilo de aburrimiento, una cucharada de hartazgo y dos gramos de desidia para lograr la mezcla perfecta que nos arroje a un viaje sin destino. Sin embargo, modificar los planes a última hora es algo que me molesta sobremanera. Aún debo aprender a improvisar.

La necesidad de aire puro, una mente sin receso, la urgencia de darle al día un giro que le cambie el sabor de pan integral, a algo más parecido a helado de chamoy; todo contribuye para buscar un camino que acabe con las tentaciones, un trayecto que aniquile la curiosidad y que destruya el fastidio.

Después de meditarlo dos veces, me despego del colchón, dejo el libro sobre la repisa y apago la tele dispuesta a no quedarme más entre esas cuatro paredes moradas. Abro y cierro el closet. Abro y cierro el closet. Abro... y rebusco. ¡No tengo nada que ponerme! Entonces me pongo lo mismo de siempre. Un poco informal, moderadamente atractivo y extremadamente cómodo.

Te llamé, no estabas. Entonces dispuse para mí lo que quedaba de aquella tarde. Después eras tú quien me buscaba. A fin de cuentas terminamos juntos.

Es sorprendente como un pequeño momento puede cambiar el día, borrar el bostezo y dibujar una sonrisa. Es curioso lo que se puede descubrir sobre uno mismo con tan sólo un poco de suerte. Que divertido finaliza todo cuando un suceso inesperado y una decisión desesperada dejan grabado en la mente un día que parecía ser invisible.

Los planes nunca salen como esperamos, pero siempre terminan mejor de lo que pensábamos.

Hallazgo

En silencio escucho una y otra vez el golpeteo de pequeñas gotas lanzadas por el viento hacia el cristal de la ventana.
Agotada por el ajetreo semanal, los preparativos y las vueltas por toda la ciudad sin parar. Planes y plazos que uno a uno se van cumpliendo. Días que se escurren como la lluvia que moja la ventana.
En silencio escucho la música que llena de frases mi mente, inunda de recuerdos el momento, agita un no-sé-qué dentro de mí, infla mi pecho y recorre cada poro de mi piel. Retomo fragmentos que siento, que sueño y también que anhelo.

No hay más silencio.

Aumenta poco a poco el volumen con cada tonada que llena mis sentidos. Afino el oído y repaso lentamente canciones que le pertenecen a quien las vive.
Sigo coleccionando canciones.
Mis dedicadas, mis recibidas, mis recomendadas y mis robadas; las que me duelen, las que me alegran, las que decoran ciertos momentos y las que caen como anillo al dedo.
Mientras estallo en notas escucho esas que me han contado haber sido elegidas para ese día tan especial y voy descubriendo el sentido y significado de tener una canción, compartirla, adueñarse de ella.
Sin esperar hallar la canción que me transporte, el random del reproductor la trae hacia mí.
Ya siento mis oídos totalmente abiertos, mi cerebro atento por completo a la música que desde el primer acorde me ha atrapado, la letra llena mi boca y el significado le induce una inexplicable sensación a mi corazón... Abro los ojos...


Creo que la he encontrado.

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Listening to: Westlife - Flying without wings
via FoxyTunes

Hace un año

(Crónica de un relato frustrado)

Todo empezó con algo como:

...Un día como hoy vio la luz y rápidamente dio sus primeros pasos... 

La inspiración estaba desbordándose, las palabras fluían hacia los dedos y prometía convertirse en una historia muy emotiva -tanto como para conmoverme a mí misma-, llena de palabras de agradecimiento a todos quienes han viajado conmigo una o varias veces, para quienes siguen este vuelo y dejan testimonio de su visita.
Casi a la mitad del escrito, hice una breve pausa para releer y corregir lo que fuese necesario. Ajustar la extensión o editar algún párrafo, en fin satisfacer mi manía correctora hasta quedar conforme con lo que estaba escribiendo.
Sin embargo, por un brevísimo periodo de turbulencia, la tecnología hizo de las suyas y aunque no estoy peleada con las computadoras y creo que me defiendo bastante bien, no tengo la menor idea de qué rayos pasó...
- Quizás tuvo algo que ver el hecho de abrir varias ventanas, trabajar con varios programas a la vez, querer hacer N cantidad de cosas al mismo tiempo...
- Pero se supone que tengo un equipo con la capacidad de trabajar sin que se bloquee a cada rato...
- Pues si, pero... ¿será que tiene algún virus?, ahora que recuerdo a mi hermano ya le ha pasado así...
- Vale m...
Después del breve diálogo conmigo misma no me quedó más opción que reiniciar la máquina, porque simplemente no respondía a mis súplicas de que reaccionara; así que rogando porque hubiera quedado guardado todo el avance, la reinicié.

...He aquí el resultado.

Así que además de darme cuenta que el botón de "GUARDAR AHORA" del editor de blogger no es efectivo contra bloqueos o apagones inesperados, perdí la inspiración y perdí mi escrito porque además por primera vez se me ocurre escribir directamente en el editor, cuando por lo general, guardo mis textos en un bloc de notas y después sólo es cuestión de copiar y pegar.

En fin, lo que quería decir -palabras más, palabras menos- es que este blog hoy cumple un año y me agrada saber y agradezco que haya personas que lo disfrutan y continúan visitando este espacio, a pesar de que escribo con poca frecuencia.
Sinceramente quisiera publicar más seguido, pero a veces las ocupaciones, la falta de inspiración, la vida social (¡porque sí tengo!) o sólo la necesidad de descansar me roban los días.
Sin embargo, hasta el día de hoy el viaje sigue avanzando poco a poco, con ritmo lento pero constante y mientras tenga algo que decir, el blog seguirá.

Por mientras

Amaneció y el día pintaba para ser un lunes desaborido, la escena onírica de la noche anterior me dejó una estela de curiosidad e inquietud y me despertó el estómago sin sacudirme el sueño.

Tantas delicias allí presentes me hicieron girar la cabeza y dar una fuerte mordida, pero el insípido sabor de la almohada espabiló los restos de cansancio no muy justo a tiempo; así que fue necesario saltar de entre las sábanas directo a los pantalones.

Una peinada a los dientes. Un poco de pasta en el cabello. Y caí en cuenta que en algún momento tenía que abrir los ojos o terminaría usando los zapatos como aretes.

El tiempo se encogía. Hubo que elegir entre maquillaje o desayuno...
Es más fácil pedir un café para llevar.

La tarde se fue entre planes, ideas, idas y regresos que -como desde hace varios meses- giran en torno a una fecha especial.

Me perdí el atardecer en un pestañeo y amanecí viéndole la cara a la luna. Seguía tan inmersa en mis pendientes que no supe del colapso. De repente todo cambió y por el momento, el acontecimiento parece estar suspendido en el aire.

Aún todo está confuso, no entiendo qué pasó, todavía no quiero creer que todo el proceso de cortar, pegar, medir, decorar y la revolcada en brillantina no servirá de nada. Quiero creer que es sólo un lapso. Que es culpa de la tensión, de las prisas. Del maldito estrés. Tengo la esperanza de que tendrá solución.

Por mientras habrá que poner un velo sobre los muebles, guardar el material y reempaquetar las cajas para protegerlos del polvo. Habrá que esperar que baje la temperatura, enfriar el ánimo y abrir los sentidos. Es necesario aclarar el pensamiento.

Por mientras, hay que cerrar la casa, no el corazón.

Breve


He olvidado el olor de Benito,
el color de Morelos,
la voz de Nezahualcóyotl,
la cara de Sor Juana,
la valentía de Zaragoza
y el valor de Hidalgo

¿Qué es?


Hay algo atravesado en mi pecho
que se mantiene colgado de un músculo del cuello,
patalea dentro de los jugos estomacales
y palpita en la cicatriz apendicular.

Cuando trato de sacarlo
me raspa la garganta,
altera la temperatura de todo el cuerpo,
excepto manos y pies
que se mantienen fríos;
provoca náuseas,
explota en mi cabeza
y termina desgarrando mis ojos.

Como en feria

Parecía que iba a ser como cualquier otro viaje de cinco días, una semana con un vaivén similar al de un sube y baja. Una rutina bastante bien conocida, una que otra novedad que no pasaría la sorpresa inicial. Y así inició. 

Un lunes caluroso con pinta de aburrido. Monótono. El trayecto sin más que lo habitual. Un carrusel con un solo pasajero al que pronto se incorporó la buena compañía de un entrañable amigo con quien siempre se disfruta una plática y una linda película. 

Entrando a un martes dizque de mala suerte, algo que nunca he creído. De todas formas no me gustan los martes y eso que -según los calendarios- nací en uno de éstos. Como al principio era similar a una vuelta en la rueda de la fortuna, decidí jugar con eso y combatir la rutina con mensajes y planes adelantados de fin de semana. Tomé el camino a casa a bordo de mis tenis y vi pasar varios tranzabus que me hubieran llevado más rápido pero, ¿cuál es la prisa? No hay nada pendiente. 

Hice una escala muy cerca de casa, sólo para visitar y ponerme al tanto de sucesos recientes. A lo que se sumó una llamada ofreciendo transporte a cambio de atención técnica. Demasiado tarde. Ya estaba casi a la vuelta de la esquina, pero ante la afirmación de que no había ningún apuro me tomé mi tiempo. Para mi sorpresa, otra llamada, sólo que esta vez insistía por mi presencia, cuando prácticamente estaba ya con un pie en la entrada.

En ese momento salté abruptamente de la rueda de la fortuna a las tazas locas para oír los gritos de la desesperación y terminar sobre el toro mecánico, tratando de domar la situación, que al final de cuentas, terminó lanzándome a la lona.

Amanecí el miércoles con el cuerpo adolorido, sin ganas de más atracciones, pero sabía que el paseo aún no terminaba. Imaginé que esta vez sería un recorrido tranquilo. La visita que ameritaba una reunión me levantó el ánimo sin saber que me encaminaba a la temida pero excitante montaña rusa.

Sin darme cuenta me subí y el recorrido empezaba a tomar velocidad. La cuesta arriba se estaba haciendo pesada. Las trabas comunes a mis planes parecían estar ganando terreno. Luego, la caída en picada. Llegó tan fugaz como inesperada. Un acercamiento indiferente que con un ágil arrebatón se llevó mis planes, junto con mi celular que aunque viejo y defectuoso, todavía me permitía una que otra llamada entrecortada o mensajes con retraso de entrega.

Sin embargo, al igual que en los giros de la montaña, algo pasó en ese momento. Algó contrario a lo que supusé que sentiría si alguna vez fuese víctima de la delincuencia. Tal vez tuvo mucho que ver la frustración del día pero, lo cierto es que a pesar del miedo, me sentí extrañamente liberada. 

Lo mejor de todo es que no sólo se llevó un celular en mal estado; se llevó toda la mala vibra con la que amanecí, mi enojo, mi desánimo, mi mal plan y la tensión en mi espalda. De manera curiosa siento que, más allá de provocarme un susto, me quitó un gran peso de encima. Incluso ahora que lo pienso, lo siento por él, porque con tremenda carga, no imagino dónde ni cómo podría terminar.

Ahí acabó el paseo de ese día. No más reuniones. No más llamadas ni mensajes. El descenso llegó. Mis manos frías y temblorosas cubrieron mis ojos cuando expulsaron los restos de adrenalina. Todo acabó en nada.

Para el jueves hubo más calma, a pesar de que quedaba algún remanente de energía. Fue una mezcla entre la escalada y el río salvaje. Que concluyó en la visita a la casa del tío chueco donde lanzé los dardos y por fin gané algo.

El viernes lo único que quería era salir del parque. Basta de atracciones. Sólo quería tirarme al césped o nadar con delfines. Pero el recorrido final me llevó del laberinto, donde me topé con figuras del pasado que dejaron bellos recuerdos y un buen sabor de boca por el fortuito reecuentro, a la casa de los espejos donde las imágenes apreciadas provocaron carcajadas que le dieron un delicioso masaje a mi alma y un buen descanso a mi cuerpo.

Pleamar nocturna

No te burles. Pretender que no se dará cuenta y tratarla como una tonta o ingenua no quiere decir que lo sea. Ella es capaz de ver lo que sucede. Sabe decidir qué cosas quiere creer, cuáles son importantes y hasta que punto está dispuesta a llegar.

Para ti pudiera resultar ridículo molestarse por una tontería, una bromita, una mentirita inocente; pero para ella no lo es. A ella lo que le duele es que le mientas y la engañes. Que intentes hacerle creer algo y que supongas que se tragará el cuento. Ella sabe observar, notar los cambios, recordar detalles y hacer comparaciones para darse cuenta que le tomaste el pelo.

Eso precisamente es lo que le molesta, creer en tus palabras sin dudar para solamente toparse con una farsa, saberse burlada, verse y sentirse ridiculizada.

Dices que sólo era un juego. No pensaste que terminaría así. Ninguno de los dos quiso que terminara de esa manera. Era sólo un juego coqueto. Tú sabes que ella no se niega a ese jugueteo. Y no lo hace porque tiene la confianza de que esa complicidad no será pisoteada. No se siente avergonzada porque supone que es un acuerdo implícito entre ambos, que existe seguridad, que están cómodos con lo que están haciendo. PORQUE CREE Y CONFÍA EN TI.

Ahora ponte un minuto en su lugar. Imagina qué sentirías tú en una situación similar. Si de repente, en el  momento más íntimo del juego te das cuenta que fuiste engañado. Verás como tus ojos se abrirán del tamaño de la luna y tu boca se cerrará como tumba, apretando fuerte la mandibula hasta que duelan los dientes.

¿Puedes sentir el latir acelerado del corazón, la sangre caliente recorriendo todo cuerpo? ¿Sientes la vergüenza subiendo por las orejas como un montón de hormigas y el coraje anidado en el cuello, que termina sentado sobre los hombros con peso de plomo? ¿Sientes en la boca el sabor agrio de la burla, que deja el aliento como si acabaras de morder una cebolla? ¿Sientes la tristeza que inunda el pecho? ¿La decepción que cae en el estómago como un concentrado jugo de limón?

¿Lo sientes?

Ella también. Y fue real.

................................Pero sabe perdonar. Porque te quiere.

Poderoso caballero

Cuántos en tu nombre y bajo tu pretexto han perdido su rumbo, han volteado sus ojos sólo para verte a ti.
Mereces ser despreciado porque destruyes familias, separas a los amigos, envenenas las almas, siembras la semilla de la envidia y el egoísmo en los corazones. Provocas repulsión en el justo, deseo en el ambicioso, envidia en el pobre.
Aunque no eres la mejor causa por la cual vivir se necesita de ti para poder subsistir; precisamente esa necesidad es la que aprovechas para poner a girar a muchos a tu alrededor.
Avaricia es tu mejor seguidora. Aliada y eterna compañera. Juntos encuentran los placeres más mundanos y consiguen las posesiones más ridículas a pesar de que, en el fondo, nada realmente será suficiente.
Brillo, color o consistencia, cualquiera que sea el rostro con el que te presentas siempre logras que quien te encuentra olvide su origen.
Te conviertes en razón de vida y te adoptan como lo único necesario; mientras tú adornas y disfrazas las carencias con tu rostro frío y complaciente.
Asi eres, atractivo pero sin alma. Hueco, vacío. 
Sólo me complace decir que tu grande y mayor defecto es que cuando llegas traes todo menos la felicidad y cuando te vas quitas todo, excepto la fe.

Luz de plata

Tu luz me ilumina 
mientras veo tu rostro pleno
que se descubre tras el velo
que vuela con el viento...

Hay algo en la luna llena que me invade de nostalgia, alegría y ternura. Me gusta contarle mis sueños y creo que escucha mis silencios.
Cada vez que la veo aparecer le abro la ventana, la dejo pasar para que llene con su claridad las paredes de mi cuarto; es hermoso como envuelve todo con ese bello destello azul.
Las lámparas son innecesarias cuando la luna está plena. Disfruto viendo las sombras que se crean con los objetos que se atraviesan en su haz de luz.
Me gusta la luna llena porque la brisa nocturna tiene una sensación especial, el frío no cala, el calor no agobia.
La sombra en su centro toma formas llenas de historias y el cuarto menguante se dibuja en mi rostro, las noches dejan de sentirse vacías, los sueños son más claros.
Una sensación de tranquilidad me incita a tomar un respiro profundo sin quitar la vista de la gran esfera plateada y sin poder evitarlo la humedad contenida se desborda.
Me gusta la luna llena porque las lágrimas brillan un segundo, antes de morir en la almohada.
Me gusta la luna llena porque puedo contarle mis silencios y sé que escucha mis sueños.

Para usted señora

- ¿Ya te despertaste?... ¡Apúrate!... ¡Cuidado!... No vas y punto... Todo les tiene uno que decir... ¡Ya estoy hartaaaaa!...

No, yo sé que no.

Sé que aunque lo tengas que repertir todos los días, lo harás.
Seguirás pendiente de la comida, de que lleguemos temprano, de donde estamos, de con quién salimos. Sé que no dejarás de preocuparte. Seguirás despertándote por las noches, recorrerás cada cuarto para verificar si ya estamos en casa, si ya nos dormimos; cerrarás la ventana y si el tiempo lo amerita nos pondrás la colcha encima. Te seguirá preocupando si tosemos o estornudamos más de tres veces seguidas, te afligirá vernos calmados sin hacer relajo -sabes que algo pasa-.

Tú lo sabes, yo lo sé: ya no somos niños, pero ya entendí que por más que te lo repita, para ti seguiremos siéndolo y al escuchar nuestra voz diciendo 'oye, ma' será motivo suficiente para que tu corazón dé tres vueltas, dejarás todo lo que estés haciendo y tus ojos entrarán en nosotros para buscar la causa del dolor.

A pesar de que nos corras de vez en cuando, sé muy bien que desearías tener un gran terreno, construir todas las casas juntas y tenernos cerca para seguir viéndonos llegar aunque sea al hogar de cada uno.

Las diferencias, los desacuerdos, tú con tu ley, yo con mis necedades; tu protección exagerada pero comprensible, mis ganas de -y mi miedo a- ser libre e independiente tal vez algún día nos hagan perder la paciencia, por lo que nunca podré decir que todo ha sido un paseo entre nubes, hubieron y seguirán sucediendo cosas grises, así como también hemos tenido y llegarán aún más días llenos de luz y sol.

Cada año suele ser igual: no quieres regalos, no quieres festejo, no quieres ni siquiera que llegue el día; pero ya sabes que soy terca y suelo no hacerte mucho caso, por eso estoy pensando en tantas palabras, mientras mi mente se llena de recuerdos, porque ya tengo tu regalo y porque no encuentro nada mejor para obsequiarte, mas que decirte:

GRACIAS



... y feliz cumple ma'!

Los que faltaban

Quién te dio permiso



Como un ladrón



Un beso grande



Juro




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Raúl Ornelas y Edgar Oceransky
Concierto "Dos Necios de Verdad"
Vhsa, Tabasco. 27 de noviembre de 2009

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PD: Se acuerdan de las PD's??   n__n

Mare!


A través de cuerpos de agua, admirando el algodón en el cielo, y disfrutando la imagen pocas veces vista de la bóveda estrellada que no se deja intimidar por las luces artificiales y los mechones de luz en medio del mar, la gran serpiente de asfalto llevó a cinco almas hacia el mismo destino, en un recorrido lleno de historias.

Mientras los gustos trataban de ponerse de acuerdo, la música de fondo ponía el ambiente; sin embargo no hay mejor sonido que el de las carcajadas al unísono del grupo que sin más motivos y más rápido que decir papatzules, tomaron por asalto la blanca ciudad y alborotaron la pasividad de la planicie con la sangre caliente que llevan dentro.

Deleitándose con el relleno negro, codzitos, papatzules, kibis, queso relleno, ceviche, flautas, panuchos, salbutes y la infaltable cochinita pibil, inventaban bombas sin importarles la verdadera bomba que ésto generaría, simplemente tomando todo a su alcance para hacer del viaje algo inolvidable.

Recuerdos que quedaron grabados en sus mentes y aún hasta hoy, dibujan en sus rostros, sonrisas de complicidad.

Dos escenas

Hacía tanto que no se presentaba. Mucho tiempo sin ver la misma escena que, cuando suele ocurrir, me duele, me preocupa, me asusta.
No veo a nadie, no distingo voces, solo sé que no estoy sola.
Avanzo lentamente en un sendero totalmente oscuro. Sin saber a donde. Sin poder ver siquiera mis propios pasos, mientras siento el aire frío golpeando mi rostro.
Súbitamente todo cambia, comienza a parecer real, empieza a definirse la zona. Una calle conocida, casas y gente cercana.
Reconozco algunas voces. ¡Sí!, ya sé quienes son. Por lo menos ahora ya puedo hablar con alguien, al fin podré decirles que este dolor me está inmovilizando, no sé si será por el frío pero es que no recuerdo alguna otra causa.
Poco a poco entiendo, esto lo he sentido antes, pero tengo tanto miedo, sé lo que sucederá. Ahora veo un rostro familiar, justo el que menos desearía ver en esta situación, pero es la única persona cerca.
Toco mi rostro con la expresión afligida, triste y adolorida porque no quiero sentir esto. ¡No más! ¡Ya noooo!
Mamá... me duele... ¡mira, tiene sangre!
Extiendo mi puño y veo la pequeña pieza en mi palma, completa, cubierta de sangre...
Con mi lengua recorro el espacio que dejó en mi boca, abro mis ojos y repito la revisión, como queriendo verificar si está ahí o no. 

Ahora sólo es cuestión de tiempo.

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Noche. Abrigados. Dentro del auto. Sobre la carretera.
Paramos en una especie de mirador-acotamiento. El clima cambió, ahora hace calor, pides que bajen las ventanillas.
Mientras ustedes dos duermen, yo vigilo y trató de buscar donde está el fotográfo, pero sólo alcanzo a ver el barranco porque la espesa vegetación hace todo el panorama más oscuro.
Una curiosa ardilla aparece sobre el borde de la puerta y se introduce en el vehículo, caminando sobre tus hombros y los de ella; rodea el asiento, olfatea y busca siguiendo su instinto, corre de un lado hacia otro dando la impresión de que realiza un baile cómico. Me hace gracia su comportamiento hasta que cambia completamente, se vuelve una amenaza y ahora estoy batallando para sacarla.
Ya no es gracioso, ni divertido. Ahora está mordiendo mi mano, y a ustedes también los muerde, les grito y los muevo para que reaccionen y me ayuden con esta extraña batalla pero a pesar de eso, siguen durmiendo, plácida y tranquilamente como si no pudieran sentir ni oír nada.
Al fin logro tomarla por el lomo como suelen agarrarse a los gatos, y la arrojo por la ventana. La veo golpear duro contra el piso de tierra, entre piedras y maleza. 
Por fin, parece que todo termina; y me tranquilizo sin darme cuenta que hay más. Ahora, entran, no sé cómo pero se multiplican, me muerden, los lastiman y nadie escucha mis gritos. 
Es desesperante y ahora ni siquiera puedo moverme.

Falta el aire....

Me sobresalto ahogando el grito y recupero el aliento perdido. 
Apenas pasó una hora. 

No quiero dormir...

Cumplir o descumplir

No le quite años a su vida,
póngale vida a los años que es mejor


Un día más o uno menos, no hay diferencia. El tiempo sigue su paso.

Hoy río, lloro, canto, bailo, sueño, grito, salto, como hace un año, o dos, o diez.
Hoy sigo aquí alegra, feliz, triste, melancólica, eufórica, contenta, enojona, bromista, sarcástica, llorona.
Tan llena de emociones como siempre.

Disfruto y veo hacia atrás, hacia adelante, y lo sigo disfrutando.
Hoy me siento feliz como todos los años en esta misma fecha.
Recordando el ayer, imaginando el mañana, pero por encima de todo, viviendo HOY.

10,227 días de vida bien vivida.

Sin prisa pero sin pausa

Manual de lo prohibido

Dos voces, dos compositores, dos necios...





...un sentimiento


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Raúl Ornelas y Edgar Oceransky
Concierto "Dos Necios de Verdad"
Vhsa, Tabasco. 27 de noviembre de 2009

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PD: Ya se saben las PD's   ^__^