Corto relato nocturno

Anoche no dormí sola. En mi cama estabas tú. Y ellos. Y todos los demás.
Todavía no entiendo como pudimos acomodarnos en tan poco espacio. La música no dejaba de sonar, era algo estruendosa pero rítmica y aunque era buen momento para dormir, algunos preferían bailar.
También había comida. Mucha comida que nadie quiso probar. Se veía sabrosa -ya sabes lo antojadiza que soy- pero cuando traté de comer algo sentí nauseas, por eso me retiré de ese lugar y volví a tu lado, al pequeño espacio que quedaba para mí.
Estabas inquieto. No sabías si dormir, platicar o bailar. Tal vez por eso decidiste enrollarte entre mis brazos y dejarme adormecerte.
Mientras todos esos extraños conocidos pasaban una buena velada, en nuestro espacio no cabía nadie más. Hablamos al ritmo de la música y nuestros cuerpos llevaban el compás de una balsa sobre el mar.
No sé cuánto tiempo pasamos así, no sé si la noche fue muy corta o tal vez debí acostarme más temprano, pero espero que el momento se repita, esta vez sin tanta gente y que sea un poco más real.