Mare!


A través de cuerpos de agua, admirando el algodón en el cielo, y disfrutando la imagen pocas veces vista de la bóveda estrellada que no se deja intimidar por las luces artificiales y los mechones de luz en medio del mar, la gran serpiente de asfalto llevó a cinco almas hacia el mismo destino, en un recorrido lleno de historias.

Mientras los gustos trataban de ponerse de acuerdo, la música de fondo ponía el ambiente; sin embargo no hay mejor sonido que el de las carcajadas al unísono del grupo que sin más motivos y más rápido que decir papatzules, tomaron por asalto la blanca ciudad y alborotaron la pasividad de la planicie con la sangre caliente que llevan dentro.

Deleitándose con el relleno negro, codzitos, papatzules, kibis, queso relleno, ceviche, flautas, panuchos, salbutes y la infaltable cochinita pibil, inventaban bombas sin importarles la verdadera bomba que ésto generaría, simplemente tomando todo a su alcance para hacer del viaje algo inolvidable.

Recuerdos que quedaron grabados en sus mentes y aún hasta hoy, dibujan en sus rostros, sonrisas de complicidad.