Wereja Purohueso
Tal vez es tiempo de hacerle más caso a mi intuición o a mis sueños.

Tal vez debo dormir más y soñar menos.

Tal vez debo esperar menos o nada.

Tal vez tengo que aprender a fingir y aparentar que no me importa.

Tal vez soy muy egoísta.

Tal vez podría eliminar la diferencia entre un "te quiero" y un "te amo".

Es que a veces me resulta tan confuso entender mis pensamientos, que me es necesario comprobar que estoy equivocada, pero si no me equivoco entonces me quedo pasmada.

Y luego pasa que me salgo de mí. Y mi cuerpo va y viene y hace todo lo que la rutina le ha enseñado, pero yo no, simplemente no estoy.

Mi mente se queda en la cama y mi corazón, sólo me convierte en sobreviviente.

Y ha sido así desde el día que me fui. Desde aquel momento en que me marché, sin decir más nada, ni siquiera un adiós.

Simplemente caminé sin voltear la mirada y con los hombros pesados, hasta que lejos de su vista me detuve, me cubrí el rostro con las manos y por fin lloré.

Tal vez pronto cambiará. Sé que así será. Sólo basta sacudirme un poco más.

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Wereja Purohueso
Ya no sé lo que escribo. Creo que sólo son un montón de palabras sin orden ni sentido.
Llevo muchos días ausente. No sé cuando volveré, pero las letras no se han ido. Siguen ahí, en papel o en pantalla. Escondidas tras alguna foto o tratando de salir de un laberinto de sueños.
Esto no es un abandono, no me voy pero me he perdido.
Quizás unos días fuera de mí me sirvan para regresar a este espacio. Tal vez sólo es cuestión de ver entre recuerdos.
Mientras... mientras sigo en el camino.

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Destinos 4 pasajeros | | edit post
Wereja Purohueso
Mientras estos días se extinguen, voy dejando atrás la pesadez de los mismos, que vinieron como tormenta nocturna sin previo aviso.
Después de lo vivido, después de lo aprendido, la experiencia queda, los traumas afectan, pero no queda más que vencer el miedo, superar las adversidades y seguir hacia adelante. Entender que "el miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son".
Pero la realidad no se puede ocultar y la verdad es que la gente no habla más que de lo terrible y peligrosa que se ha vuelto la vida que nos está tocando vivir… y así crece y se anida el miedo. Nos gana, nos apresa, nos frustra.
Y poco a poco se acostumbran a vivir con temor a la noche, al día, al vecino, a pasar por el mismo lugar; viven temerosos de salir a la tienda, de hablar con desconocidos, de caminar sin compañía. Es cierto, no hay seguridad, no la hallaremos en las calles o en quienes se supone que trabajan para eso; hay pánico y desconfianza.
Cuando será el momento en que podamos recuperar la tranquilidad? ¿Algún día podremos volver a sentarnos en las afueras de nuestras casas, con las puertas abiertas? No lo sé. Eso parece una ilusión. Sólo sé que no quiero, ni debo guardar miedos y angustias porque a veces la vida nos hace reír pero también nos hace llorar.


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Wereja Purohueso
No había nada más definitivo para ella.
En su mente, era la única idea que sobrevivía al tiempo.
Nunca desistiría. Jamás lo olvidaría.
Despertaba día tras día con el mismo deseo, cada vez intenso, siempre un poco más cerca.
Ni los buenos -y mucho menos los malos momentos- lograrían borrar esa idea de su mente.
La decisión estaba tomada desde muy temprana edad, incluso cuando todos la consideraban aún inmadura, incapaz.
Lentamente el plazo se acortaba, permitiéndole disfrutar el agridulce proceso,
hasta que llegara el día para que su mayor deseo,
se volviese realidad.


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Wereja Purohueso
Crecí jugando sola, buscando en mis muñecas la compañía que los genes me negaron. Cuando abandonaba la bicicleta, cuando me cansaba de cazar lagartijas o de matar hormigas en el patio de la abuela; después de jugar a las escondidas o a las guerritas con mis hermanos, regresaba al mundo ése con el que sueñan las niñas, donde pueden ser princesas, las hadas existen y su casa no es el fuerte de guerra de los soldados, ni se llenan de tierra y jamás, jamás se despeinan.
La hora del té era en compañía de una fauna de peluche, la 'hija' era una muñeca más grande que yo y siempre dormíamos abrazadas. Era la cajera y la compradora; la aeromoza y la pasajera; la mamá y la hija; la estilista y la cliente. Dos personajes en una sola persona, siempre.
Crecí buscando la complicidad y la confidencialidad en mis hermanos y el único primo al alcance, pero poco a poco entendí que los niños no entienden las cosas de niñas y a las niñas no les interesan las cosas de niños.
Tarde encontré a mi primer alma afín. ¿Tarde o justo a tiempo? No lo sé. Pero apareció. A partir de ahí aprendí el significado de amiga, de amistad, de hermandad.
Después de que sólo pedía una, he llegado a tener tantas hermanas que no me he perdido las experiencias que suelen contarme ellas que sí las tienen.
Sé lo que significa compartir una habitación e incluso la misma cama. He aprendido a dar un consejo y tener la fortuna de recibir muchos más.
Cuento con alguien que puede ayudarme a decidir qué aretes combina con la blusa y hasta ayudarme a continuar con la frente en alto aunque el mundo se me caiga a pedazos.
Tengo quien me pinte las uñas de la mano izquierda, con quien ir de compras, quien me planche el cabello aunque prefiera estar despeinada; alguien para compartir y comentar libros, música, fotos y muchos detalles más; alguien que me dice "subiste de peso, pero te ves bien" o tal vez me dice "estás muy flaca, pero te ves bien".
He secado lágrimas y he encontrado muchos hombros donde derramar las mías.
He encontrado con quien hablar de 'esos' temas, cuando el corazón se agita al pronunciar un nombre, cuando la felicidad o el llanto no se pueden ocultar. Son ellas con quienes puedo platicar día y noche, mientras combatimos el insomnio hasta quedarnos dormidas, con quienes he reído hasta llorar o hemos llorado hasta convertir el llanto en carcajadas.
También he sufrido la tristeza y el dolor de la separación porque tienen que seguir su camino o quizás porque algún malentendido sacudió nuestras mentes. He padecido también por sus desventuras y me he afligido por sus momentos de debilidad.
He vivido el gusto de compartir la ropa, los zapatos, bolsas y demás sin tener que pelear porque lo tomen a escondidas.
Tengo quien me jale las orejas y a quien regañar cuando tropecemos con las mismas piedras. Sé que aquí está 'la banda' que 'le partirá la cara', o bien, me acompañarán al altar. 
He sido confidente de una boca y tengo muchos oídos que escuchan mis palabras.
Son lazos inquebrantables. Una unión que con el tiempo no caduca, no conoce celos, envidias o rencores; más bien resta el dolor y multiplica la alegría.
Quizás llegaron solas, en grupo o por intercesión de alguien más. Probablemente han estado acompañándome más de una década o menos de un lustro, pero tengo la enorme dicha de tenerlas a mi lado y saber que a pesar de la distancia o a pesar de los años, no se han alejado; por el contrario, permanecen más unidas que nunca.
Gracias a ellas dejé de sentirme sola, porque aunque la sangre no me dio hermanas, la vida se encargó de ponerlas en mi camino.


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Wereja Purohueso
A las ideas hay que agarrarlas por el cabello, pero casi siempre aparecen calvas. Por eso muchas se me pierden por andar distraída. Cuando llega una por lo regular la escribo o la grabo, pero bastan dos segundos de descuido para que el 90% desaparezca y me quede con dos palabras en desorden. Detesto cuando eso pasa, y sucede que me pasa, cuando me pasan muchas cosas.

Del último mini post a la fecha, ha seguido lo que a mí me parece una buena racha. No, no he ganado la lotería, tampoco descubrí la fuente de la eterna juventud ni gané un Pulitzer, mucho menos un Nobel. Sigo durmiéndome tarde -ya entendí que eso es casi genético-, pero he dormido bien, sin soñar con sangre, fantasmas o arañas; es más, ni siquiera recuerdo haber soñado. Y eso para mí es una buena racha.

El corazón está contento, la actividad social marcha bien, hay cierta paz en casa, se acortaron algunas distancias, el nuevo juguetito me tiene enganchada aunque no me deje adelgazar deudas; también las colaboraciones llegaron en buen momento, las andanzas me recordaron por qué me gusta mi profesión y el curso conforme avanza me tiene más emocionada, ya fantaseo con viajar al país de la pizza y la pasta. Y si me gano la lotería, te llevo conmigo. ¿O me gané la lotería porque te llevo conmigo?

En fin, que de todo quisiera hablar, o escribir. De la lectura de las noches y de los libros que tengo en la lista de espera; que estuve pensando en la creencia de las abuelas, sobre que después de mucha risa, viene el llanto. Algo así decía la mía. Pero de todas formas me he reído muchísimo en los últimos días.

Y entonces me voy llenando de historias que después no sé cómo soltar, las letras no concuerdan, las palabras no armonizan, las ideas huyen, la inspiración se esconde. Sin embargo, después de darle muchas vueltas, pensar, escribir, borrar y pensar otra vez, llega el momento cuando todo fluye, cuando una serie de elementos como una exquisita cena, deliciosa compañía, un paseo por la ciudad, buena plática y muchas carcajadas, se combinan y resultan un excelente digestivo mental.


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