Poderoso caballero

Cuántos en tu nombre y bajo tu pretexto han perdido su rumbo, han volteado sus ojos sólo para verte a ti.
Mereces ser despreciado porque destruyes familias, separas a los amigos, envenenas las almas, siembras la semilla de la envidia y el egoísmo en los corazones. Provocas repulsión en el justo, deseo en el ambicioso, envidia en el pobre.
Aunque no eres la mejor causa por la cual vivir se necesita de ti para poder subsistir; precisamente esa necesidad es la que aprovechas para poner a girar a muchos a tu alrededor.
Avaricia es tu mejor seguidora. Aliada y eterna compañera. Juntos encuentran los placeres más mundanos y consiguen las posesiones más ridículas a pesar de que, en el fondo, nada realmente será suficiente.
Brillo, color o consistencia, cualquiera que sea el rostro con el que te presentas siempre logras que quien te encuentra olvide su origen.
Te conviertes en razón de vida y te adoptan como lo único necesario; mientras tú adornas y disfrazas las carencias con tu rostro frío y complaciente.
Asi eres, atractivo pero sin alma. Hueco, vacío. 
Sólo me complace decir que tu grande y mayor defecto es que cuando llegas traes todo menos la felicidad y cuando te vas quitas todo, excepto la fe.