Otro más que se va


A pocas horas del final, llega el recuento.

He viajado de todas las maneras posibles, estuve rodeada de compañía o en la más completa soledad; volé, caminé, nadé, rodé, corrí. Me perdí entre espejos, jugué y canté como una niña; sostuve a alguno entre mis brazos y lo vi desaparecer o crecer en tan sólo una noche.

En ocasiones me quedé atrapada en los extraños lugares de siempre y algunas otras veces conocí maravillosos mundos nuevos. Vi correr sangre entre mis dedos y sentí el agua a veces limpia, a veces turbia envolver mi cuerpo. Permanecí inmóvil o recorrí largos senderos, mientras reía, mientras lloraba; luché contra objetos, seres y animales que me atacaron.

Sentí la tierra en mis pies, el aire entre mi cabello, el agua por mis manos, el fuego en mi interior. Aun cuando todo dormía, mis sentidos permanecieron despiertos.

Porque el año viejo siempre deja cosas buenas. Porque muchos viajes más le esperan a este inconsciente subconsciente, este que nunca me deja sola, que no duerme, que se adueña de mi, que te trae día y noche y me pinta con tu aroma una imagen tuya a donde quiera que voy. Porque ustedes estuvieron y siguen aquí conmigo, en este pequeño gran espacio.

Por eso, brindaré.