De blanco y negro, a color

No quería despertar pero el sueño fue más corto que la noche.
Traté de quedarme inmóvil en el colchón pero éste empezó a ponerse incómodo, estaba muy frío o muy caliente; la almohada se quejaba, me duele tu cabeza y sabes bien que no soy esponja, le escuché decir. La sábana y la colcha se rebelaron, si me tapaba la cabeza me descubrían los pies. Y detesto sentir los pies fríos. Los cojines en el piso reclamaban su lugar, así que para no seguir con esa batalla mejor les devolví su territorio.
Estiré mi cuerpo hasta sentir cada músculo tenso y cada hueso crujir; cuando escuché que las vértebras de la espalda se acomodaron supe que podía ponerme de pie.
Abrí la cortina para dejar entrar la luz. Y la luz entró. Y al fin los ojos enfocaron bien.
Arrastrando aún un poco de pereza, encendí el televisor y busqué el canal que uso como despertador.
Justo empezaba a cantar Diego Torres, una canción que me paralizó mientras duró. Después algo nuevo entró por mis oídos y me agradó el ritmo que sin duda me recordó a Bon Jovi en su faceta rock pop.
Cuando me di cuenta ya realizaba mi rutina al son de un baile descuadrado como el de Iggy Pop; luego alguien apareció, haciéndome sonreír y con esa sonrisa Ana Torroja le puso el broche de oro a la inauguración de la mañana.
Hay días que parecen no querer iniciar, por eso me encanta tener papel y tinta en el buró.