Rumbos

Caminos paralelos, distintos, distantes, se cruzan en algún punto del viaje; personas y personalidades congenian, se complementan y logran empatía.
Tan sólo basta un minuto –quizás menos- para crear una chispa que encienda la luz en la ruta que a partir de ese momento recorrerán simultáneamente.
Después de eso empezarán las preguntas, las historias; llegarán las citas, las reuniones, las pláticas que parecen no tener cómo empezar y después parecen no tener fin.
Se agregan las coincidencias, los comentarios, los puntos de vista, los puntos en común y las diferencias también; las bromas, el sarcasmo, las ironías y lo mejor de todo… las risas.
Nace una cálida sensación que impulsa a abrir las puertas de la confianza, dejas entrar y te permites salir.
Recoges en el vuelo a un nuevo pasajero. Un ser que a partir del primer contacto ya dejó su huella imborrable en ti. Uno de quien aprenderás, mucho o poco, para bien o para mal, no importa cuánto dure su presencia; mientras al mismo tiempo, te conviertes en integrante de su viaje y ahí también permanecerás tú.
Al final del encuentro, ya hay una próxima vez y te queda la satisfacción en el rostro y una sonrisa en el alma de ser prueba, testigo y partícipe del sublime momento de conocer a alguien que pronto llamarás AMIGO.


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Chicas, es un gusto, un placer y un honor haberlas conocido.