Pasos que veo

Hoy es un buen día para caminar, el cielo está nublado y parece que al fin los 40 grados de todo el año se van, para dar paso al pequeño invierno.

También es un buen día para caminar, porque es momento de una nueva dosis de medicinas pero ya que la crisis me ha escondido mis quincenas, tengo que usar el plástico; además sólo traigo un billete en la cartera y no hay moneditas para el transabus.
Entonces despierto a filipo para que me cante durante el recorrido, me acomodo los audífonos, la bolsa, el cabello y miro hacia mis pies como diciéndoles: ¡Estoy lista, llévenme!

Y así lo hacen.

Empiezo a recorrer la larga línea recta mientras esquivo miradas, evito contacto y me encierro en mi mundo, espiando de vez en cuando hacia afuera.
La brisa fresca y el cielo gris me ayudan a concentrarme en pequeños detalles que por lo general paso desapercibidos, por ejemplo que camino muy rápido y sin levantar la mirada.
También noto que el trayecto cada vez es más corto, ¿o será que cada vez camino más de prisa? Quizá deba disminuir la velocidad, pienso, sólo que la costumbre viene de hace mucho, cuando tenía que avanzar al ritmo de mi padre o de mi madre y mis piernas no lograban emparejar el paso, aunque quizás sea por algo más.
Desacelero un poco mis pasos, y en eso recuerdo revisar mi bolsa para verificar que guardé la receta del medicamento.
chingaderas, si no la traigo nomás caminé en vano...
Pero no, no fue en vano, al menos ya me sirvió para darme cuenta de algo.

Después de unos 15 minutos de caminata llego a la farmacia, el saludo es tan cordial para todos que parece que nos conociéramos desde hace años... bueno es lo menos que se podría esperar después de acudir, con cierta frecuencia, durante nueve meses al mismo sitio... Casi cinco minutos más entre pedir y pagar y ya estoy de nuevo en la calle decidiendo si sigo caminando o tomo por fin el transbus, aunque para eso debo cambiar el billete y el pretexto perfecto es un café, frappé... sí, de todas formas el clima no está tan frío.
Entro muy decidida al local con un billete en la cartera y salgo con un delicioso frappuccino en la mano; y ahora que ya tengo la cantidad exacta para el transporte, decido, -al fin- seguir caminando.
Mientras avanzo, de nuevo empiezo a acelerar mi caminar, pero esta vez reaccionó a tiempo. Me detengo de golpe. Me sonrío. Y prosigo el camino más lentamente, para tener una apreciación más detallada del paisaje y porque, además, me acerco a una pendiente que siempre me deja sin aire.
Logro vencer la calle cuesta arriba, y lo hago tan despacio que parece que estuviera a punto de quedarme dormida; probablemente esa es otra razón por las que no camino despacio, pienso que la gente que camina así siempre tiene flojera.
Y con esa fingida flojera continúo, sorbiendo poco a poco los trozos de hielo, la crema batida y los palitos de chocolate que se pegan en las muelas, hasta pasar por un parque de pocas visitas pero muchos recuerdos.
Y de nuevo me veo sentada en esa banca, con los ojos húmedos y las manos temblorosas, veo las lágrimas que ahí quedaron, veo el dolor que guardó ese lugar y veo que ahora esa misma banca está guardándose los recuerdos de una pasión juvenil; así que aun con las ganas que tengo de sentarme ahí, es mejor no interrumpir.

Avanzo...

Paso de largo la boutique de los vestidos que siempre me encantan pero jamás he comprado ahí, paso por sitios y lugares, colores, olores, expresiones, sonidos; todo lo que siempre pasaba desapercibido hoy lo noto y lo guardo, hoy simplemente todo tiene un matiz diferente.
Poco a poco el trayecto se va terminando y de nuevo veo hacia mis pies, y veo que mis tenis aunque ya tienen sus buenos años de uso, todavía son cómodos. Veo que me gusta caminar y sentir el aire fresco en mi rostro. Veo que mi frappuccino ya se terminó y que me fascina el sabor del café. Veo también que en casi 2 kilómetros -distancia aproximada porque soy terrible para esos cálculos- de recorrido, no hay ni un solo bote de basura sobre la acera así que el vaso termina en el de mi casa.

Y yo... termino de cabeza sobre mi cama, con mis pies en los aires y mi mente llena de pasos.