Ciclos

Agoniza. Muere. Se va

Me deja, lo dejo.
Se ríe de mí, me río con él,
de mí.

Muere, como muere poco a poco el frenesí en las calles, como mueren poco a poco las ilusiones, como mueren una a una las luces titilantes que iluminan objetos inanimados.
¡Que extraño que no tenga unas cuantas enrolladas sobre mí!

Despierta, sueño. Inmóvil, avanzo. Seria, sonrío. Callada, hablo.
Miro el espejo y activo una sonrisa para festejar un algo tan rutinario y tan poco frecuente que cuando llega siempre me repito lo mismo:
¡Qué rápido se va el tiempo!
Fue más rápido que un recorrido en la montaña rusa y más intenso que un salto del bungee. Fue rojo, blanco, verde, azul y muy morado; tuvo toda una paleta de colores, pero jamás -al igual que sus ancestros- jamás gris.
Y ya llegó a su fin pero aunque a estas alturas todo me da igual, de cualquier resquicio interno sacaré ánimos... después algún coraje... después de algún gesto de fastidio... después de todo el ánimo todavía no me abandona.

O no lo abandono yo.