Inesperado

Hoy un acercamiento tímido  
 
y el olor de un libro nuevo  
 
me robaron una sonrisa. 
 

De blanco y negro, a color

No quería despertar pero el sueño fue más corto que la noche.
Traté de quedarme inmóvil en el colchón pero éste empezó a ponerse incómodo, estaba muy frío o muy caliente; la almohada se quejaba, me duele tu cabeza y sabes bien que no soy esponja, le escuché decir. La sábana y la colcha se rebelaron, si me tapaba la cabeza me descubrían los pies. Y detesto sentir los pies fríos. Los cojines en el piso reclamaban su lugar, así que para no seguir con esa batalla mejor les devolví su territorio.
Estiré mi cuerpo hasta sentir cada músculo tenso y cada hueso crujir; cuando escuché que las vértebras de la espalda se acomodaron supe que podía ponerme de pie.
Abrí la cortina para dejar entrar la luz. Y la luz entró. Y al fin los ojos enfocaron bien.
Arrastrando aún un poco de pereza, encendí el televisor y busqué el canal que uso como despertador.
Justo empezaba a cantar Diego Torres, una canción que me paralizó mientras duró. Después algo nuevo entró por mis oídos y me agradó el ritmo que sin duda me recordó a Bon Jovi en su faceta rock pop.
Cuando me di cuenta ya realizaba mi rutina al son de un baile descuadrado como el de Iggy Pop; luego alguien apareció, haciéndome sonreír y con esa sonrisa Ana Torroja le puso el broche de oro a la inauguración de la mañana.
Hay días que parecen no querer iniciar, por eso me encanta tener papel y tinta en el buró.

Septiembre otra vez (II)

Aquí en soledad quiero brindar, sin vino, con música y nadie más.
Brindaré por dos cosas.
Brindo por mi dolor. Ese que me invade noche a noche, que no me deja respirar porque me reclama que tenía todo y lo dejé escapar.
Y brindo también por mi valor. El valor de estar aquí enfrentándome a mis pensamientos, al anhelo de sentirte, recordarte y aguantar el deseo de volverte a abrazar. Valor por reconocer que aposté todo y perdí; que di todo, que amé y estuve dispuesta a luchar.
Lo supe desde tiempo atrás, la razón me lo decía, pero le había puesto un velo que me resistía a quitar.
Qué ilusa fui, me sentía invencible, poderosa; hoy tengo miedo, y me invade la soledad.
En los días de angustia me ahogaba en pensamientos, buscaba una escapatoria a la ansiedad, quería escribir las mismas palabras llenas de coraje y dolor, palabras que la ira pensaba por mí; sin embargo no llegaban nunca, no lograban cuadrar; hacía y deshacía textos que no me terminaban de gustar. Ahora entiendo que no era furia lo que había dentro de mí, sólo una enorme tristeza por la certeza de que había llegado el final.
Ya no tiene caso hablar del silencio, de la cobardía, de las mentiras; los reproches no tienen sentido. Nada de eso hará la situación cambiar.
Hoy aquí me detengo sólo por un momento, para tomar un respiro y recuperar el ánimo de continuar.
Habrá que tomarlo con calma y la cabeza fría, tienes razón en decir que el perdón no sirve para mejorar lo pasado, pero el futuro tal vez; después de todo llegué a mi límite, me conocí un poco más y aunque tomó más tiempo de lo que creí, hoy sé bien lo que quiero y para bien o para mal, tú no puedes ni lo quieres dar.
No me rindo aún, ni tengo nada que celebrar, falta mucho más; todavía quedan noches sin dormir, queda mucho qué pensar.

Septiembre otra vez (I)

Vuelve el día, vuelve el tiempo aquel en que la vida giró.
De nuevo aquí sin poder detenerlo, sin poder regresarlo, las noches vuelven a hacerse largas y el sueño muy corto. Vuelvo a ganarle la carrera al despertador. Parece un estigma que reaparece desde hace dos años ya.
No sé qué pasa, todo es tan extraño y siento que se me va de las manos. Las ideas se agolpan buscando salida, pero basta pensar en nuestro tiempo y todo fluye con cierta naturalidad, así mis manos te recuerdan y sin dudar encuentran el camino directo hacia cada palabra.
Y recuerdo que nunca una mirada había tocado de esa manera mi ser, ahora no sé donde están esos ojos que escudriñaban mi alma brincando cualquier barrera, esa luz que dejé apagar.
Me acostumbraste a ser princesa, a caminar sobre las nubes sin sentir jamás las brasas ardiendo bajo la planta de mis pies, estabas siempre a mi alrededor cuidándome de cualquier daño, protegiéndome como un escudo de piedra y sin lastimarme ni siquiera con un suspiro. Ahora el dolor habita adentro.
Entonces por fin entiendo tus palabras, ahora comprendo mucho mejor. Sé que piensas que ya es muy tarde, lo sé, no es tiempo para arrepentirse sino para valorar, es cierto lo que dicen que desde lejos las cosas se aprecian mejor.
Entre sombras escribo y se cruzan los recuerdos, pienso en días de alegría y de dolor.
He tocado el cielo y la tierra. He probado la miel y la hiel. Amé y me sentí amada. Lastimé y fui herida. Recibí mucho, entregué todo y de todas formas no me queda nada.
Ha tomado tiempo y no sé cuanto falta aún pero siempre he creído que en esta vida nada ocurre por azar, tiene una razón. Reconozco mis errores pero también puedo afirmar que he aprendido tan sólo un poco más.

4 bodas

La primera, tan ajena como inesperada. Casi de última hora. Un lugar distante, distinto. Invitada suplente. Nuevos personajes entrando en mi senda, yo entrando en la de ellos.
A distancia pensando en ti, imaginándote a mi lado mientras grababa pequeños detalles para reconstruir la escena cuando pudiera contarte todo.

La siguiente, de lazos más cercanos. Llegó poco a poco, sin causar tensión.
Rodeados de elegancia y distinción fue un evento tan correcto como los protagonistas.
Y yo a distancia pensándote a mi lado mientras grababa pequeños detalles para reconstruir la escena cuando pudiera contarte todo.

La tercera llegó por orden cronológico, pero la de mayor importancia. La más cansada, la más prolongada. La que causó desvelos, coraje, estrés; la que hasta en el último momento tenía algo pendiente. Días previos que se escurrieron como agua, llenos de tensión, momentos que pedían a gritos acabarse pronto.
Y ahí estoy de nuevo. Y soñé que estarías ahí. Pero una vez más me ví a distancia pensando en ti, figurándote a mi lado mientras grababa pequeños detalles para reconstruir la escena cuando pudiera contarte todo.

La última fue preocupante mas que excitante. Una decisión precipitada, ideas ambiguas, deseos confusos. Una hilera de sucesos que acrecentaron las ganas de correr, gritar, detener el evento, convertirme en villana o heroína. Vi la tristeza en sus ojos pero al final la decisión ya estaba tomada.
Ahí también estuve conmigo misma a distancia pensando en ti, pero esta vez de nada serviría grabar pequeños detalles para reconstruir la escena cuando pudiera contarte todo, ya sabía que no estarías a mi lado.

Cuatro historias tan distintas entre sí, cuatro eventos que viví y en los que uno a uno fui definiendo mis anhelos, pensando si algún día me tocará a mí, si en realidad llegará el momento en que me sentiré lista.

Es un momento que quiero vivir pero a pesar de lo que escucho no creo que la presión social o biológica, por ahora, me hagan cambiar de opinión, simplemente aún no siento esa inquietud y sobre todo prefiero concentrarme en lo que vendrá después, para mí, el tiempo siguiente cuenta más que las fotos, el vestido y el pastel.

No sé cómo será el camino para todos ellos, desconozco los pasos que cada uno dará, sólo deseo que a estos ocho corazones, la vida los llene de felicidad.