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Sin tiempo que perder
No puedo más lo tengo que soltar...
Si hay algo en esta vida que me haga rabiar (¡que me empute pues!), es que me cancelen o cambien los planes en el último momento.
Y no es porque sea yo la persona más solicitada de la ciudad -ni al caso- y entiendo también que hay situaciones imprevistas que quedan fuera de nuestro control. Reconozco que lo he hecho en ocasiones, precisamente por imprevistos urgentes y de verdad me aflige quedar mal con quien o quienes ya tenía una cita acordada. ¡Pero carajo, qué tan difícil es mantener un compromiso ya establecido si no hay un motivo de fuerza mayor que impida cumplir con lo acordado! Pretextos, excusas y vagas promesas salen sobrando. La decisión ya está tomada.
¿Se imaginan siquiera lo que representa ese cambio?
¿Soy muy metódica? Sí. ¿Inflexible? No lo creo. Más bien creo que es cuestión de respetar el tiempo de uno, de los demás, el tiempo de todos. MI TIEMPO, ese que decido dedicar a las personas que quiero, que me importan; gente con quienes quiero disfrutar un buen momento. Gente que he EXTRAÑADO por no poder verles tan seguido como quisiera, ya sea por cuestiones laborales, familiares y/o personales. Me parece incluso una de las peores faltas de respeto, una total indiferencia hacia mis actividades y también mis sentimientos.
Por desgracia -para mí- es algo que jamás podré controlar. ¡Qué feliz sería si pudiera tomar acciones cada vez que alguien me cancela o me cambia la cita! Algo así como un superpoder estilo X-Men o un hechizo muy a lo Harry Potter, pero no, lo único que puedo hacer, después del episodio de coraje, es re adaptar mi agenda y si es posible ajustarme a la nueva cita. Sin embargo, también llega a cansar tener que reajustarme a conveniencia de otros y dejar que hagan con mi tiempo lo que se les dé la gana. Tal vez algún día solo les responda como dice Rosana, "hoy pa' ti no estoy".
Lo bueno de todo es que siempre sé qué hacer con ese tiempo congelado y nunca falta la invitación inesperada a una nueva historia. Lo bueno también, es que aún tengo este espacio para desahogarme.
Amistad
Algo le punzaba el alma desde hacía unos días. Había un suceso detrás de ese dolor, algo que jamás creyó que podría ocurrir.
Y es que a veces –o muchas veces-, pensamos que por mantener una amistad con alguien, esa persona actuará igual que nosotros o compartirá nuestra forma de pensar.
Hanna creía tener amigas incondicionales, esas que están presentes en todo momento, a cualquier hora; se creía afortunada porque sentía que podía contar con aquella persona de la misma manera en que a ella la llamaba y la buscaba cada vez que tenía el alma y la autoestima golpeada.
Junto a Lana compartía tantas cosas y vivieron muchas experiencias que se contaban una a la otra. Había confianza, confidencia y complicidad.
Hasta que llegó una voz que lo cambió todo. Una voz que la alejó poco a poco, a base de ‘bien intencionados consejos’ sobre lo que debía hacer, con quién debía salir y cómo debía comportarse. La presencia la apartó, la absorbió; se adueñó de ella, como si fuese un simple títere fácil de manejar.
No todo fue obra suya. La inseguridad de Lana jugó un papel determinante. Su necesidad de protección y su miedo a la soledad completaron el cuadro.
Lana se fue con la mente llena de nuevas ideas y vagos argumentos, dejando crecer la distancia entre ella y su fiel confidente. Ya se sentía completa, no necesitaba más la compañía de Hanna, ahora todo lo que antes hacían juntas ahora Lana lo compartía con su voz. Su nuevo mundo.
En cierta ocasión, -de las últimas que tuvieron juntas-, Hanna escuchó un comentario de Lana mientras hablaba con la voz. “Ya no la necesito, contigo tengo todo”. Justo ahí empezó el dolor. Justo ahí Hanna descubrió que en la amistad también hay hipocresía. Se fue sin decir nada, con el dolor punzándole el alma. Lanzó una bendición a nombre de Lana y siguió su rumbo.
Algunos años más tarde, Lana perdió a su voz. Los detalles están de más, simplemente el mundo de Lana se derrumbó. Entonces, tomó el teléfono y marcó…
Y es que a veces –o muchas veces-, pensamos que por mantener una amistad con alguien, esa persona actuará igual que nosotros o compartirá nuestra forma de pensar.
Hanna creía tener amigas incondicionales, esas que están presentes en todo momento, a cualquier hora; se creía afortunada porque sentía que podía contar con aquella persona de la misma manera en que a ella la llamaba y la buscaba cada vez que tenía el alma y la autoestima golpeada.
Junto a Lana compartía tantas cosas y vivieron muchas experiencias que se contaban una a la otra. Había confianza, confidencia y complicidad.
Hasta que llegó una voz que lo cambió todo. Una voz que la alejó poco a poco, a base de ‘bien intencionados consejos’ sobre lo que debía hacer, con quién debía salir y cómo debía comportarse. La presencia la apartó, la absorbió; se adueñó de ella, como si fuese un simple títere fácil de manejar.
No todo fue obra suya. La inseguridad de Lana jugó un papel determinante. Su necesidad de protección y su miedo a la soledad completaron el cuadro.
Lana se fue con la mente llena de nuevas ideas y vagos argumentos, dejando crecer la distancia entre ella y su fiel confidente. Ya se sentía completa, no necesitaba más la compañía de Hanna, ahora todo lo que antes hacían juntas ahora Lana lo compartía con su voz. Su nuevo mundo.
En cierta ocasión, -de las últimas que tuvieron juntas-, Hanna escuchó un comentario de Lana mientras hablaba con la voz. “Ya no la necesito, contigo tengo todo”. Justo ahí empezó el dolor. Justo ahí Hanna descubrió que en la amistad también hay hipocresía. Se fue sin decir nada, con el dolor punzándole el alma. Lanzó una bendición a nombre de Lana y siguió su rumbo.
Algunos años más tarde, Lana perdió a su voz. Los detalles están de más, simplemente el mundo de Lana se derrumbó. Entonces, tomó el teléfono y marcó…
Rewind
Sin sacar cuentas, hace ya un tiempo que te llevo aquí dentro.
Aquí estás. Permaneces.
Hoy lo recordé, escuchando aquella canción que una vez salió de tus labios, como si el modo aleatorio del reproductor hubiera decidido transportarme al pasado. Y ahí estuve durante los escasos tres minutos y algo de lo que dura la melodía. Cuando volví, te busqué entre mis brazos, a mi lado...
Demás está decirlo. Continué lo que hacía. ¿Qué esperabas? Es fin de semana.
Sólo quería decirte que tengo mucho para ti, demasiado quizás.
Y, sinceramente, ya no sé donde guardarlo.
Aquí estás. Permaneces.
Hoy lo recordé, escuchando aquella canción que una vez salió de tus labios, como si el modo aleatorio del reproductor hubiera decidido transportarme al pasado. Y ahí estuve durante los escasos tres minutos y algo de lo que dura la melodía. Cuando volví, te busqué entre mis brazos, a mi lado...
Demás está decirlo. Continué lo que hacía. ¿Qué esperabas? Es fin de semana.
Sólo quería decirte que tengo mucho para ti, demasiado quizás.
Y, sinceramente, ya no sé donde guardarlo.
Cuento breve sobre ausencias
Había una vez un blog...
Pequeño, divertido, coqueto. Se alimentaba de letras que se cultivaban en los campos de la alegría o el dolor y su cosecha siempre era fructífera.
Sus días favoritos eran los fines de semana, cuando salía a pasear y regresaba lleno de momentos por contar, aunque en cada amanecer y anochecer encontraba fragmentos que agregarle a su crecimiento.
Pero después se quedó callado, cambió; se enredó entre rutinas y publicaciones fugaces, ahora está atrapado entre muros y tendencias populares que difícilmente le permiten superar los 140 caracteres de conversación.
Aún visita a sus vecinos pero hace mucho que no interactúa con ellos.
Necesita que el mundo se detenga por un rato para poder gritarle a la vida como solía hacerlo, pero para ello espera el momento de una gran cosecha, sabe ser paciente y dejar que las letras germinen y maduren a su propio ritmo.
Sabe que no envejecerá siempre que haya alguien dispuesto a visitarlo y se niega rotundamente a morir de olvido.
Pequeño, divertido, coqueto. Se alimentaba de letras que se cultivaban en los campos de la alegría o el dolor y su cosecha siempre era fructífera.
Sus días favoritos eran los fines de semana, cuando salía a pasear y regresaba lleno de momentos por contar, aunque en cada amanecer y anochecer encontraba fragmentos que agregarle a su crecimiento.
Pero después se quedó callado, cambió; se enredó entre rutinas y publicaciones fugaces, ahora está atrapado entre muros y tendencias populares que difícilmente le permiten superar los 140 caracteres de conversación.
Aún visita a sus vecinos pero hace mucho que no interactúa con ellos.
Necesita que el mundo se detenga por un rato para poder gritarle a la vida como solía hacerlo, pero para ello espera el momento de una gran cosecha, sabe ser paciente y dejar que las letras germinen y maduren a su propio ritmo.
Sabe que no envejecerá siempre que haya alguien dispuesto a visitarlo y se niega rotundamente a morir de olvido.
Tal vez es tiempo de hacerle más caso a mi intuición o a mis sueños.
Tal vez debo dormir más y soñar menos.
Tal vez debo esperar menos o nada.
Tal vez tengo que aprender a fingir y aparentar que no me importa.
Tal vez soy muy egoísta.
Tal vez podría eliminar la diferencia entre un "te quiero" y un "te amo".
Es que a veces me resulta tan confuso entender mis pensamientos, que me es necesario comprobar que estoy equivocada, pero si no me equivoco entonces me quedo pasmada.
Y luego pasa que me salgo de mí. Y mi cuerpo va y viene y hace todo lo que la rutina le ha enseñado, pero yo no, simplemente no estoy.
Mi mente se queda en la cama y mi corazón, sólo me convierte en sobreviviente.
Y ha sido así desde el día que me fui. Desde aquel momento en que me marché, sin decir más nada, ni siquiera un adiós.
Simplemente caminé sin voltear la mirada y con los hombros pesados, hasta que lejos de su vista me detuve, me cubrí el rostro con las manos y por fin lloré.
Tal vez pronto cambiará. Sé que así será. Sólo basta sacudirme un poco más.
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Tal vez debo dormir más y soñar menos.
Tal vez debo esperar menos o nada.
Tal vez tengo que aprender a fingir y aparentar que no me importa.
Tal vez soy muy egoísta.
Tal vez podría eliminar la diferencia entre un "te quiero" y un "te amo".
Es que a veces me resulta tan confuso entender mis pensamientos, que me es necesario comprobar que estoy equivocada, pero si no me equivoco entonces me quedo pasmada.
Y luego pasa que me salgo de mí. Y mi cuerpo va y viene y hace todo lo que la rutina le ha enseñado, pero yo no, simplemente no estoy.
Mi mente se queda en la cama y mi corazón, sólo me convierte en sobreviviente.
Y ha sido así desde el día que me fui. Desde aquel momento en que me marché, sin decir más nada, ni siquiera un adiós.
Simplemente caminé sin voltear la mirada y con los hombros pesados, hasta que lejos de su vista me detuve, me cubrí el rostro con las manos y por fin lloré.
Tal vez pronto cambiará. Sé que así será. Sólo basta sacudirme un poco más.
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Día "D"
No había nada más definitivo para ella.
En su mente, era la única idea que sobrevivía al tiempo.
Nunca desistiría. Jamás lo olvidaría.
Despertaba día tras día con el mismo deseo, cada vez intenso, siempre un poco más cerca.
Ni los buenos -y mucho menos los malos momentos- lograrían borrar esa idea de su mente.
La decisión estaba tomada desde muy temprana edad, incluso cuando todos la consideraban aún inmadura, incapaz.
Lentamente el plazo se acortaba, permitiéndole disfrutar el agridulce proceso,
hasta que llegara el día para que su mayor deseo,
se volviese realidad.
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En su mente, era la única idea que sobrevivía al tiempo.
Nunca desistiría. Jamás lo olvidaría.
Despertaba día tras día con el mismo deseo, cada vez intenso, siempre un poco más cerca.
Ni los buenos -y mucho menos los malos momentos- lograrían borrar esa idea de su mente.
La decisión estaba tomada desde muy temprana edad, incluso cuando todos la consideraban aún inmadura, incapaz.
Lentamente el plazo se acortaba, permitiéndole disfrutar el agridulce proceso,
hasta que llegara el día para que su mayor deseo,
se volviese realidad.
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La vida compensa
Crecí jugando sola, buscando en mis muñecas la compañía que los genes me negaron. Cuando abandonaba la bicicleta, cuando me cansaba de cazar lagartijas o de matar hormigas en el patio de la abuela; después de jugar a las escondidas o a las guerritas con mis hermanos, regresaba al mundo ése con el que sueñan las niñas, donde pueden ser princesas, las hadas existen y su casa no es el fuerte de guerra de los soldados, ni se llenan de tierra y jamás, jamás se despeinan.
La hora del té era en compañía de una fauna de peluche, la 'hija' era una muñeca más grande que yo y siempre dormíamos abrazadas. Era la cajera y la compradora; la aeromoza y la pasajera; la mamá y la hija; la estilista y la cliente. Dos personajes en una sola persona, siempre.
Crecí buscando la complicidad y la confidencialidad en mis hermanos y el único primo al alcance, pero poco a poco entendí que los niños no entienden las cosas de niñas y a las niñas no les interesan las cosas de niños.
Tarde encontré a mi primer alma afín. ¿Tarde o justo a tiempo? No lo sé. Pero apareció. A partir de ahí aprendí el significado de amiga, de amistad, de hermandad.
Después de que sólo pedía una, he llegado a tener tantas hermanas que no me he perdido las experiencias que suelen contarme ellas que sí las tienen.
Sé lo que significa compartir una habitación e incluso la misma cama. He aprendido a dar un consejo y tener la fortuna de recibir muchos más.
Cuento con alguien que puede ayudarme a decidir qué aretes combina con la blusa y hasta ayudarme a continuar con la frente en alto aunque el mundo se me caiga a pedazos.
Tengo quien me pinte las uñas de la mano izquierda, con quien ir de compras, quien me planche el cabello aunque prefiera estar despeinada; alguien para compartir y comentar libros, música, fotos y muchos detalles más; alguien que me dice "subiste de peso, pero te ves bien" o tal vez me dice "estás muy flaca, pero te ves bien".
He secado lágrimas y he encontrado muchos hombros donde derramar las mías.
He encontrado con quien hablar de 'esos' temas, cuando el corazón se agita al pronunciar un nombre, cuando la felicidad o el llanto no se pueden ocultar. Son ellas con quienes puedo platicar día y noche, mientras combatimos el insomnio hasta quedarnos dormidas, con quienes he reído hasta llorar o hemos llorado hasta convertir el llanto en carcajadas.
También he sufrido la tristeza y el dolor de la separación porque tienen que seguir su camino o quizás porque algún malentendido sacudió nuestras mentes. He padecido también por sus desventuras y me he afligido por sus momentos de debilidad.
He vivido el gusto de compartir la ropa, los zapatos, bolsas y demás sin tener que pelear porque lo tomen a escondidas.
Tengo quien me jale las orejas y a quien regañar cuando tropecemos con las mismas piedras. Sé que aquí está 'la banda' que 'le partirá la cara', o bien, me acompañarán al altar.
He sido confidente de una boca y tengo muchos oídos que escuchan mis palabras.
Son lazos inquebrantables. Una unión que con el tiempo no caduca, no conoce celos, envidias o rencores; más bien resta el dolor y multiplica la alegría.
Quizás llegaron solas, en grupo o por intercesión de alguien más. Probablemente han estado acompañándome más de una década o menos de un lustro, pero tengo la enorme dicha de tenerlas a mi lado y saber que a pesar de la distancia o a pesar de los años, no se han alejado; por el contrario, permanecen más unidas que nunca.
Gracias a ellas dejé de sentirme sola, porque aunque la sangre no me dio hermanas, la vida se encargó de ponerlas en mi camino.
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La hora del té era en compañía de una fauna de peluche, la 'hija' era una muñeca más grande que yo y siempre dormíamos abrazadas. Era la cajera y la compradora; la aeromoza y la pasajera; la mamá y la hija; la estilista y la cliente. Dos personajes en una sola persona, siempre.
Crecí buscando la complicidad y la confidencialidad en mis hermanos y el único primo al alcance, pero poco a poco entendí que los niños no entienden las cosas de niñas y a las niñas no les interesan las cosas de niños.
Tarde encontré a mi primer alma afín. ¿Tarde o justo a tiempo? No lo sé. Pero apareció. A partir de ahí aprendí el significado de amiga, de amistad, de hermandad.
Después de que sólo pedía una, he llegado a tener tantas hermanas que no me he perdido las experiencias que suelen contarme ellas que sí las tienen.
Sé lo que significa compartir una habitación e incluso la misma cama. He aprendido a dar un consejo y tener la fortuna de recibir muchos más.
Cuento con alguien que puede ayudarme a decidir qué aretes combina con la blusa y hasta ayudarme a continuar con la frente en alto aunque el mundo se me caiga a pedazos.
Tengo quien me pinte las uñas de la mano izquierda, con quien ir de compras, quien me planche el cabello aunque prefiera estar despeinada; alguien para compartir y comentar libros, música, fotos y muchos detalles más; alguien que me dice "subiste de peso, pero te ves bien" o tal vez me dice "estás muy flaca, pero te ves bien".
He secado lágrimas y he encontrado muchos hombros donde derramar las mías.
He encontrado con quien hablar de 'esos' temas, cuando el corazón se agita al pronunciar un nombre, cuando la felicidad o el llanto no se pueden ocultar. Son ellas con quienes puedo platicar día y noche, mientras combatimos el insomnio hasta quedarnos dormidas, con quienes he reído hasta llorar o hemos llorado hasta convertir el llanto en carcajadas.
También he sufrido la tristeza y el dolor de la separación porque tienen que seguir su camino o quizás porque algún malentendido sacudió nuestras mentes. He padecido también por sus desventuras y me he afligido por sus momentos de debilidad.
He vivido el gusto de compartir la ropa, los zapatos, bolsas y demás sin tener que pelear porque lo tomen a escondidas.
Tengo quien me jale las orejas y a quien regañar cuando tropecemos con las mismas piedras. Sé que aquí está 'la banda' que 'le partirá la cara', o bien, me acompañarán al altar.
He sido confidente de una boca y tengo muchos oídos que escuchan mis palabras.
Son lazos inquebrantables. Una unión que con el tiempo no caduca, no conoce celos, envidias o rencores; más bien resta el dolor y multiplica la alegría.
Quizás llegaron solas, en grupo o por intercesión de alguien más. Probablemente han estado acompañándome más de una década o menos de un lustro, pero tengo la enorme dicha de tenerlas a mi lado y saber que a pesar de la distancia o a pesar de los años, no se han alejado; por el contrario, permanecen más unidas que nunca.
Gracias a ellas dejé de sentirme sola, porque aunque la sangre no me dio hermanas, la vida se encargó de ponerlas en mi camino.
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De los días recientes
A las ideas hay que agarrarlas por el cabello, pero casi siempre aparecen calvas. Por eso muchas se me pierden por andar distraída. Cuando llega una por lo regular la escribo o la grabo, pero bastan dos segundos de descuido para que el 90% desaparezca y me quede con dos palabras en desorden. Detesto cuando eso pasa, y sucede que me pasa, cuando me pasan muchas cosas.
Del último mini post a la fecha, ha seguido lo que a mí me parece una buena racha. No, no he ganado la lotería, tampoco descubrí la fuente de la eterna juventud ni gané un Pulitzer, mucho menos un Nobel. Sigo durmiéndome tarde -ya entendí que eso es casi genético-, pero he dormido bien, sin soñar con sangre, fantasmas o arañas; es más, ni siquiera recuerdo haber soñado. Y eso para mí es una buena racha.
El corazón está contento, la actividad social marcha bien, hay cierta paz en casa, se acortaron algunas distancias, el nuevo juguetito me tiene enganchada aunque no me deje adelgazar deudas; también las colaboraciones llegaron en buen momento, las andanzas me recordaron por qué me gusta mi profesión y el curso conforme avanza me tiene más emocionada, ya fantaseo con viajar al país de la pizza y la pasta. Y si me gano la lotería, te llevo conmigo. ¿O me gané la lotería porque te llevo conmigo?
En fin, que de todo quisiera hablar, o escribir. De la lectura de las noches y de los libros que tengo en la lista de espera; que estuve pensando en la creencia de las abuelas, sobre que después de mucha risa, viene el llanto. Algo así decía la mía. Pero de todas formas me he reído muchísimo en los últimos días.
Y entonces me voy llenando de historias que después no sé cómo soltar, las letras no concuerdan, las palabras no armonizan, las ideas huyen, la inspiración se esconde. Sin embargo, después de darle muchas vueltas, pensar, escribir, borrar y pensar otra vez, llega el momento cuando todo fluye, cuando una serie de elementos como una exquisita cena, deliciosa compañía, un paseo por la ciudad, buena plática y muchas carcajadas, se combinan y resultan un excelente digestivo mental.
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Del último mini post a la fecha, ha seguido lo que a mí me parece una buena racha. No, no he ganado la lotería, tampoco descubrí la fuente de la eterna juventud ni gané un Pulitzer, mucho menos un Nobel. Sigo durmiéndome tarde -ya entendí que eso es casi genético-, pero he dormido bien, sin soñar con sangre, fantasmas o arañas; es más, ni siquiera recuerdo haber soñado. Y eso para mí es una buena racha.
El corazón está contento, la actividad social marcha bien, hay cierta paz en casa, se acortaron algunas distancias, el nuevo juguetito me tiene enganchada aunque no me deje adelgazar deudas; también las colaboraciones llegaron en buen momento, las andanzas me recordaron por qué me gusta mi profesión y el curso conforme avanza me tiene más emocionada, ya fantaseo con viajar al país de la pizza y la pasta. Y si me gano la lotería, te llevo conmigo. ¿O me gané la lotería porque te llevo conmigo?
En fin, que de todo quisiera hablar, o escribir. De la lectura de las noches y de los libros que tengo en la lista de espera; que estuve pensando en la creencia de las abuelas, sobre que después de mucha risa, viene el llanto. Algo así decía la mía. Pero de todas formas me he reído muchísimo en los últimos días.
Y entonces me voy llenando de historias que después no sé cómo soltar, las letras no concuerdan, las palabras no armonizan, las ideas huyen, la inspiración se esconde. Sin embargo, después de darle muchas vueltas, pensar, escribir, borrar y pensar otra vez, llega el momento cuando todo fluye, cuando una serie de elementos como una exquisita cena, deliciosa compañía, un paseo por la ciudad, buena plática y muchas carcajadas, se combinan y resultan un excelente digestivo mental.
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Gracias Abril
No suelo hacer balances mensuales de lo vivido, pero vale la pena decir que éste ha sido un buen mes.
Así que, gracias Abril por

La buena compañía
Los buenos momentos
Los bellos lugares
Las oportunidades
Los abrazos, el cariño, el amor dado y recibido.
Gracias por el sueño pesado y también por las noches sin dormir, porque gracias a ellas han nacido las palabras que terminan en escritos como éste.
Así que, gracias Abril por

La buena compañía
Los buenos momentos
Los bellos lugares
Las oportunidades
Los abrazos, el cariño, el amor dado y recibido.
Gracias por el sueño pesado y también por las noches sin dormir, porque gracias a ellas han nacido las palabras que terminan en escritos como éste.
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Waking up
Hoy solo quiero oír música, perderme entre melodías, dejar que los minutos se diluyan, quiero conseguir de alguna manera calmar mis pensamientos, algo con lo que pueda entretener a mi memoria y alejarla de todo lo que ve, escucha e imagina.
Dejaré que el sueño me atrape, mientras oigo la particular voz de Damien Rice, que tiene un algo que logra que mis pies tarareen mientras mi corazón se estruja.
No sé por qué, pero siempre me pasa lo mismo con sus canciones.
Me encanta su semi anonimato por estos rumbos, una guitarra y la combinación de los violines con esa voz que siempre parece estar a punto del llanto.
No digo más… sólo escucho.
The connoisseur of great excuse
Older chests
Grey room
Cannonball
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Dejaré que el sueño me atrape, mientras oigo la particular voz de Damien Rice, que tiene un algo que logra que mis pies tarareen mientras mi corazón se estruja.
No sé por qué, pero siempre me pasa lo mismo con sus canciones.
Me encanta su semi anonimato por estos rumbos, una guitarra y la combinación de los violines con esa voz que siempre parece estar a punto del llanto.
No digo más… sólo escucho.
The connoisseur of great excuse
Older chests
Grey room
Cannonball
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Una vez más
Bueno, pero es que tú no aprendes, ¿verdad? Apenas te dan una idea y en seguida andas construyendo castillos en el aire. Haciéndote ilusiones e imaginando el incierto futuro que nunca llega como lo esperas.
¡Vaya necedad la tuya de querer programarlo todo! Planear y organizar, meter todo en tu agenda mental, como si la vida fuese metódica. No te has dado cuenta que aquí la única metódica eres tú. Nada ni nadie más que tú.
No es la primera vez que te pasa y aún así sigues haciendo planes. Y bien sabes que sucede en cualquier situación. Te ha pasado con una sencilla cita para el café, la tarde de cine, la famosa ladies’ night y hasta el viaje más esperado.
¡Pero es que te encanta adivinar el futuro! No, espera. Ni siquiera lo adivinas, si tú de adivina no tienes ni el atuendo. Más bien lo que te gusta es imaginar. ¡Sí, eso es! Tienes demasiada imaginación, querida.
Como te dije, en cuanto oyes algo que podría suceder, tú emprendes el vuelo. Y ahí andas, soñando que llegue la fecha pactada. Y estás visualizándote en el sitio elegido una y otra vez con la compañía prometida. Ves los posibles lugares, imaginas a la gente alrededor, te percibes realizando alguna actividad. Vaya, hasta supones los temas de conversación e incluso vislumbras la ropa que tendrás puesta.
Apartas la fecha como si fuese el último día de tu vida. Evitas o rechazas cualquier otro acontecimiento que se cruce con tu día especial. Terminas tus pendientes y procuras tener todo listo para cuando el plazo se acerque y que nada pueda obstaculizar el evento. En serio que sólo te falta venerar el calendario con devoción religiosa. Tal vez si le encendieras una veladora al reloj…
No estoy equivocada, ¿verdad? Sabes que es cierto. Esa sonrisita te delata. No lo digo por molestar, tampoco es una burla. Sabes que disfruto la emoción que sientes por algún suceso especial, porque sé que lo esperas ansiosa, que mueres de ganas por disfrutarlo al máximo. Por eso lo imaginas tanto.
Te ilusionas demasiado. Y es igual con todo.
Pero luego resulta que lo que fantaseabas no ocurre. A última hora cambia. Se cancela. ¿Y tú? Te quedas con las esperanzas rotas, el ánimo caído y la desilusión desbordada. Piensas en las veces que ha pasado lo mismo y cuestionas miles de ‘por qué’, dices ‘debí suponer que pasaría esto’, ‘otra vez lo mismo’; luego haces como si realmente no te importara tanto y te dedicas a hacer algo más. Sin embargo -y no me lo vas a negar-, por dentro estás triste de que nuevamente te quedaste vestida y alborotada.
¡Vamos, ya mujer! Si tienes ganas de llorar, hazlo. No tiene nada de malo, es mejor que tragarte el sentimiento. Ya sabes que después el estómago te lo cobra caro. Sé que piensas que es una niñería, te sientes ridícula por tener ganas de llorar, crees que no es para tanto. ¡Pero es que estabas tan emocionada!, y aceptémoslo mi estimada, tú lloras por todo. Además, reconozco que esto sí era para tanto, ésta sí que era una ocasión muy especial. Cuando lo supe, hasta yo me emocioné.
Ya ves, todo parecía ser seguro, no había o al menos no parecía que pudiese haber obstáculo alguno, aunque una vez más compruebas que cuando todo marcha de maravilla siempre algo saldrá mal. A pesar de eso, no es culpa tuya, no quedó en tus manos y no hay más que tomarlo con humor, de nada te sirve enojarte. A fin de cuentas llegará la ocasión y sin tantos preliminares.
Estás más tranquila ahora. Se nota.
Anda pues, ya son las 4:30. Apaga la luz.
¡Vaya necedad la tuya de querer programarlo todo! Planear y organizar, meter todo en tu agenda mental, como si la vida fuese metódica. No te has dado cuenta que aquí la única metódica eres tú. Nada ni nadie más que tú.
No es la primera vez que te pasa y aún así sigues haciendo planes. Y bien sabes que sucede en cualquier situación. Te ha pasado con una sencilla cita para el café, la tarde de cine, la famosa ladies’ night y hasta el viaje más esperado.
¡Pero es que te encanta adivinar el futuro! No, espera. Ni siquiera lo adivinas, si tú de adivina no tienes ni el atuendo. Más bien lo que te gusta es imaginar. ¡Sí, eso es! Tienes demasiada imaginación, querida.
Como te dije, en cuanto oyes algo que podría suceder, tú emprendes el vuelo. Y ahí andas, soñando que llegue la fecha pactada. Y estás visualizándote en el sitio elegido una y otra vez con la compañía prometida. Ves los posibles lugares, imaginas a la gente alrededor, te percibes realizando alguna actividad. Vaya, hasta supones los temas de conversación e incluso vislumbras la ropa que tendrás puesta.
Apartas la fecha como si fuese el último día de tu vida. Evitas o rechazas cualquier otro acontecimiento que se cruce con tu día especial. Terminas tus pendientes y procuras tener todo listo para cuando el plazo se acerque y que nada pueda obstaculizar el evento. En serio que sólo te falta venerar el calendario con devoción religiosa. Tal vez si le encendieras una veladora al reloj…
No estoy equivocada, ¿verdad? Sabes que es cierto. Esa sonrisita te delata. No lo digo por molestar, tampoco es una burla. Sabes que disfruto la emoción que sientes por algún suceso especial, porque sé que lo esperas ansiosa, que mueres de ganas por disfrutarlo al máximo. Por eso lo imaginas tanto.
Te ilusionas demasiado. Y es igual con todo.
Pero luego resulta que lo que fantaseabas no ocurre. A última hora cambia. Se cancela. ¿Y tú? Te quedas con las esperanzas rotas, el ánimo caído y la desilusión desbordada. Piensas en las veces que ha pasado lo mismo y cuestionas miles de ‘por qué’, dices ‘debí suponer que pasaría esto’, ‘otra vez lo mismo’; luego haces como si realmente no te importara tanto y te dedicas a hacer algo más. Sin embargo -y no me lo vas a negar-, por dentro estás triste de que nuevamente te quedaste vestida y alborotada.
¡Vamos, ya mujer! Si tienes ganas de llorar, hazlo. No tiene nada de malo, es mejor que tragarte el sentimiento. Ya sabes que después el estómago te lo cobra caro. Sé que piensas que es una niñería, te sientes ridícula por tener ganas de llorar, crees que no es para tanto. ¡Pero es que estabas tan emocionada!, y aceptémoslo mi estimada, tú lloras por todo. Además, reconozco que esto sí era para tanto, ésta sí que era una ocasión muy especial. Cuando lo supe, hasta yo me emocioné.
Ya ves, todo parecía ser seguro, no había o al menos no parecía que pudiese haber obstáculo alguno, aunque una vez más compruebas que cuando todo marcha de maravilla siempre algo saldrá mal. A pesar de eso, no es culpa tuya, no quedó en tus manos y no hay más que tomarlo con humor, de nada te sirve enojarte. A fin de cuentas llegará la ocasión y sin tantos preliminares.
Estás más tranquila ahora. Se nota.
Anda pues, ya son las 4:30. Apaga la luz.
XXIX
Si me regalan bendiciones, lo mejor que puedo hacer con ellas es compartirlas.
"Tomad, Señor, y recibid
toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer;
Vos me lo distes,
a Vos, Señor, lo torno;
todo es vuestro,
disponed a toda vuestra voluntad;
dadme vuestro amor y gracia,
que ésta me basta".
(San Ignacio de Loyola)
Creo que ser noctámbula me viene de nacimiento.
- Estas son las mañanitas que cantaba el rey David, hoy por ser tu cumpleaños te las cantamos a ti, duerme Ana ya duerme, mira que ya anocheció, los pajarillos aún no cantan la luna está en su esplendor...
(Así me cantaba escribiendo la de las pláticas nocturnas que se prolongan hasta las 6 de la mañana).
- ¿Ni siquiera hoy te dormirás temprano?
(Cómo podría, si a estas horas me estaban arrastrando a este mundo)
Fría o inexpresiva tal vez sea por precaución.
- Agradezco que nos hayamos cruzado en esta vida, tu confianza, tu apoyo y empujones...
(Ahí los tienes, te los has ganado y los tendrás para siempre).
- Es rara la forma en que nos encontramos, pero es padre el resultado...
(¡Ay!... creo que me entró una basurita en el ojo)
Pero por dentro mi sangre hierve
(Es una sensación rara en mi pecho... como si algo creciera dentro).
- Estás llena de amor.
(Con razón no me da hambre de nada más)
- ¡Vamos a brindar!
(Por todo lo que dijimos y lo que se va a sumar).
Y mi corazón no se detiene.
Anda pasa sin miedo,
aquí la puerta permanece abierta,
ya no se cierra más.
Lo acepto, no cualquiera entra,
aquí no es motel de paso y tampoco prisión,
pero el que entra ya no se va, jamás.
(Soy patética para las rimas, le comenté a Wolf. No serías una buena rapera, me dijo. Total, ni me gusta el rap).
Y cuando inicio sesión, que me sorprende Google, una vez más. |
Otro más que se va
A pocas horas del final, llega el recuento.
He viajado de todas las maneras posibles, estuve rodeada de compañía o en la más completa soledad; volé, caminé, nadé, rodé, corrí. Me perdí entre espejos, jugué y canté como una niña; sostuve a alguno entre mis brazos y lo vi desaparecer o crecer en tan sólo una noche.
En ocasiones me quedé atrapada en los extraños lugares de siempre y algunas otras veces conocí maravillosos mundos nuevos. Vi correr sangre entre mis dedos y sentí el agua a veces limpia, a veces turbia envolver mi cuerpo. Permanecí inmóvil o recorrí largos senderos, mientras reía, mientras lloraba; luché contra objetos, seres y animales que me atacaron.
Sentí la tierra en mis pies, el aire entre mi cabello, el agua por mis manos, el fuego en mi interior. Aun cuando todo dormía, mis sentidos permanecieron despiertos.
Porque el año viejo siempre deja cosas buenas. Porque muchos viajes más le esperan a este inconsciente subconsciente, este que nunca me deja sola, que no duerme, que se adueña de mi, que te trae día y noche y me pinta con tu aroma una imagen tuya a donde quiera que voy. Porque ustedes estuvieron y siguen aquí conmigo, en este pequeño gran espacio.
Por eso, brindaré.
Planes
Hoy quiero soñarme contigo
tener tu pecho como mi almohada,
sentir tus brazos en lugar de las sábanas,
rodear con tus piernas mi cuerpo
y tus pies calentar a los míos,
esta noche quiero soñarte conmigo.
tener tu pecho como mi almohada,
sentir tus brazos en lugar de las sábanas,
rodear con tus piernas mi cuerpo
y tus pies calentar a los míos,
esta noche quiero soñarte conmigo.
Ejercicios de relajación para el buen dormir
Inicie preparando el ambiente con una ronda de música de su preferencia, si lo desea puede acompañar el ritmo con movimientos ligeros o cantar a todo pulmón para liberar tensiones.
Unos minutos de agradable lectura pueden ser muy útiles no sólo para cultivar su imaginación, sino también para alejarse de las presiones y olvidar los problemas del día a día.
Si dispone de una grata compañía –aunque no sea físicamente- relate los pormenores de la rutina, extienda la conversación hasta que los temas se gasten poco a poco pero sobre todo ponga atención a las palabras de su cómplice nocturno. Si de repente los invade un silencio, evite que sea incómodo y rompa el hielo con una sonrisa; sin darse cuenta habrá iniciado otra conversación.
En ese momento realice un masaje al alma con esencia de carcajadas, su acompañante puede ayudarle y masajearse mutuamente. No se limite, efectúe el masaje el tiempo que sea necesario. Asegúrese de abarcar todas las zonas tensas y aplique la esencia de carcajadas cuantas veces le apetezca.
Después de este paso, el terreno está listo para recibir sus deseos y guardar sus energías.
Cuando ya se disponga a dormir, meta un pedazo de luna en su bolsillo. En caso de no tener bolsillos, la puede tomar a cucharadas o aplicar unas gotas de su luz en los ojos, los conocedores lo recomiendan.
Sentado sobre la cama, inhale profundamente todos los recuerdos posibles y exhale ideas una a una lentamente, repita este proceso varias veces mientras relaja sus hombros y estira cada músculo del cuerpo al estilo gatuno. No se cohíba si surge algún bostezo que suene a maullido, es casi natural e inevitable.
Luego de haber extendido músculos, tendones y alguno que otro hueso, deslice suavemente su cuerpo sobre el colchón, acomódese entre las sábanas o una buena colcha, dependiendo de la temperatura ambiental. Tome la posición de su preferencia y suspire como si fuera su último aliento… del día.
Finalmente, abrace el cuerpo perfecto de una almohada. Cierre sus ojos. No se preocupe por la sonrisa, ésta entrará en acción automáticamente.
Nota: En caso de contar con ello, sustituya la almohada por el cuerpo imperfecto de su acompañante.
De blanco y negro, a color
No quería despertar pero el sueño fue más corto que la noche.
Traté de quedarme inmóvil en el colchón pero éste empezó a ponerse incómodo, estaba muy frío o muy caliente; la almohada se quejaba, me duele tu cabeza y sabes bien que no soy esponja, le escuché decir. La sábana y la colcha se rebelaron, si me tapaba la cabeza me descubrían los pies. Y detesto sentir los pies fríos. Los cojines en el piso reclamaban su lugar, así que para no seguir con esa batalla mejor les devolví su territorio.
Estiré mi cuerpo hasta sentir cada músculo tenso y cada hueso crujir; cuando escuché que las vértebras de la espalda se acomodaron supe que podía ponerme de pie.
Abrí la cortina para dejar entrar la luz. Y la luz entró. Y al fin los ojos enfocaron bien.
Arrastrando aún un poco de pereza, encendí el televisor y busqué el canal que uso como despertador.
Justo empezaba a cantar Diego Torres, una canción que me paralizó mientras duró. Después algo nuevo entró por mis oídos y me agradó el ritmo que sin duda me recordó a Bon Jovi en su faceta rock pop.
Cuando me di cuenta ya realizaba mi rutina al son de un baile descuadrado como el de Iggy Pop; luego alguien apareció, haciéndome sonreír y con esa sonrisa Ana Torroja le puso el broche de oro a la inauguración de la mañana.
Hay días que parecen no querer iniciar, por eso me encanta tener papel y tinta en el buró.
Traté de quedarme inmóvil en el colchón pero éste empezó a ponerse incómodo, estaba muy frío o muy caliente; la almohada se quejaba, me duele tu cabeza y sabes bien que no soy esponja, le escuché decir. La sábana y la colcha se rebelaron, si me tapaba la cabeza me descubrían los pies. Y detesto sentir los pies fríos. Los cojines en el piso reclamaban su lugar, así que para no seguir con esa batalla mejor les devolví su territorio.
Estiré mi cuerpo hasta sentir cada músculo tenso y cada hueso crujir; cuando escuché que las vértebras de la espalda se acomodaron supe que podía ponerme de pie.
Abrí la cortina para dejar entrar la luz. Y la luz entró. Y al fin los ojos enfocaron bien.
Arrastrando aún un poco de pereza, encendí el televisor y busqué el canal que uso como despertador.
Justo empezaba a cantar Diego Torres, una canción que me paralizó mientras duró. Después algo nuevo entró por mis oídos y me agradó el ritmo que sin duda me recordó a Bon Jovi en su faceta rock pop.
Cuando me di cuenta ya realizaba mi rutina al son de un baile descuadrado como el de Iggy Pop; luego alguien apareció, haciéndome sonreír y con esa sonrisa Ana Torroja le puso el broche de oro a la inauguración de la mañana.
Hay días que parecen no querer iniciar, por eso me encanta tener papel y tinta en el buró.
Septiembre otra vez (II)
Aquí en soledad quiero brindar, sin vino, con música y nadie más.
Brindaré por dos cosas.
Brindo por mi dolor. Ese que me invade noche a noche, que no me deja respirar porque me reclama que tenía todo y lo dejé escapar.
Y brindo también por mi valor. El valor de estar aquí enfrentándome a mis pensamientos, al anhelo de sentirte, recordarte y aguantar el deseo de volverte a abrazar. Valor por reconocer que aposté todo y perdí; que di todo, que amé y estuve dispuesta a luchar.
Lo supe desde tiempo atrás, la razón me lo decía, pero le había puesto un velo que me resistía a quitar.
Qué ilusa fui, me sentía invencible, poderosa; hoy tengo miedo, y me invade la soledad.
En los días de angustia me ahogaba en pensamientos, buscaba una escapatoria a la ansiedad, quería escribir las mismas palabras llenas de coraje y dolor, palabras que la ira pensaba por mí; sin embargo no llegaban nunca, no lograban cuadrar; hacía y deshacía textos que no me terminaban de gustar. Ahora entiendo que no era furia lo que había dentro de mí, sólo una enorme tristeza por la certeza de que había llegado el final.
Ya no tiene caso hablar del silencio, de la cobardía, de las mentiras; los reproches no tienen sentido. Nada de eso hará la situación cambiar.
Hoy aquí me detengo sólo por un momento, para tomar un respiro y recuperar el ánimo de continuar.
Habrá que tomarlo con calma y la cabeza fría, tienes razón en decir que el perdón no sirve para mejorar lo pasado, pero el futuro tal vez; después de todo llegué a mi límite, me conocí un poco más y aunque tomó más tiempo de lo que creí, hoy sé bien lo que quiero y para bien o para mal, tú no puedes ni lo quieres dar.
No me rindo aún, ni tengo nada que celebrar, falta mucho más; todavía quedan noches sin dormir, queda mucho qué pensar.
Brindaré por dos cosas.
Brindo por mi dolor. Ese que me invade noche a noche, que no me deja respirar porque me reclama que tenía todo y lo dejé escapar.
Y brindo también por mi valor. El valor de estar aquí enfrentándome a mis pensamientos, al anhelo de sentirte, recordarte y aguantar el deseo de volverte a abrazar. Valor por reconocer que aposté todo y perdí; que di todo, que amé y estuve dispuesta a luchar.
Lo supe desde tiempo atrás, la razón me lo decía, pero le había puesto un velo que me resistía a quitar.
Qué ilusa fui, me sentía invencible, poderosa; hoy tengo miedo, y me invade la soledad.
En los días de angustia me ahogaba en pensamientos, buscaba una escapatoria a la ansiedad, quería escribir las mismas palabras llenas de coraje y dolor, palabras que la ira pensaba por mí; sin embargo no llegaban nunca, no lograban cuadrar; hacía y deshacía textos que no me terminaban de gustar. Ahora entiendo que no era furia lo que había dentro de mí, sólo una enorme tristeza por la certeza de que había llegado el final.
Ya no tiene caso hablar del silencio, de la cobardía, de las mentiras; los reproches no tienen sentido. Nada de eso hará la situación cambiar.
Hoy aquí me detengo sólo por un momento, para tomar un respiro y recuperar el ánimo de continuar.
Habrá que tomarlo con calma y la cabeza fría, tienes razón en decir que el perdón no sirve para mejorar lo pasado, pero el futuro tal vez; después de todo llegué a mi límite, me conocí un poco más y aunque tomó más tiempo de lo que creí, hoy sé bien lo que quiero y para bien o para mal, tú no puedes ni lo quieres dar.
No me rindo aún, ni tengo nada que celebrar, falta mucho más; todavía quedan noches sin dormir, queda mucho qué pensar.
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